El ser humano es un ser social. Es un hecho que se nos plantea desde pequeños, una de las características fundamentales de nuestra existencia.
Se hace así porque desde niños, porque toda nuestra vida, debemos estar relacionándonos, lidiando con la gente.
Resulta curioso, que, aunque en nuestro cerebro, la máxima prioridad seamos nosotros, la naturaleza social del ser humano cree una dependencia de la gente que puede ser incluso mayor que la autopreservación.
Hace poco mantuve una conversación con...alguien sobre lo que constituye a cada uno, sobre lo importante que somos nosotros para uno mismo.
Él alegaba que todo lo que somos nosotros se encontraba en nuestro cerebro, en nuestros recuerdos. Todo era química.
Yo dicrepaba. Por alguna razón, a pesar de que yo le entedía a él, él no me entedía a mí. Aunque no conozca la razón, para mí es algo frecuente.
Yo defendía que no todo está en el cerebro. Todas las personas con las que mantenemos una relación cercana, intensa, nos construyen a nosotros mismos.
Todo lo que plasma nuestra esencia, dibujos, escritos música...los recuerdos de los demás, todo forma parte de nosotros.
Forma lo que somos. O eso al menos es de lo que no logré convencerle.
El ser humano es un ser social. No puede evitarlo.
Mucha gente que no ha tenido relaciones estrechas acaba teniéndolas por internet; cuando los vagabundos descubren su condición lo primero que hacen es buscar gente con quien estar.
La soledad de verdad, absoluta es la causante de la locura más destrutiva del hombre.
Pienso que es por eso que cuanto más intensas son las relaciones sociales que uno mantiene, más cerca de la felicidad se encuentra.
Never shoot your thoughts.
jueves, 10 de julio de 2008
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