domingo, 30 de marzo de 2008

Capítulo XVII: Reflejo de una corte

Aquí el XVII; espero que os guste.

Libra y Sárate caminaban de nuevo por las presuntamente ostentosas y cenicientas calles de Vuugam, en dirección a Palacio.

Iba a pie, al lado de Volador, conduciéndolo con las riendas entre el genitío mientras Sárate lo montaba, mirando atentamente a su alrededor, por si acaso alguien la reconocía, aunque la aspecto de aquel lugar la desconcentraba constantemente de su autocomplaciente pero escasamente exitosa tarea.

Ramordos ya la había impresionado bastante, pero era tan solo una ciudad rica. Vuugam era un reino portentonsos que la hacía sentir como si la arquitectura imposible fuera a desmoronarse en cualquier momento, como aquella extraña sensación de estar paseando por otro mundo en el que todo era más ligero, mas facil de elevar sobre el suelo, casi sin importar el grosor y el peso del soporte.

La fascinación la hizo no darse cuenta de que Libra estaba algo más callado de lo normal. ¿Su padre no había erradicado la extinción total, que vendría de la mayor guerra que sobrevino la tierra? Pues no. Y el ejecutor caminaba libremente ahora sobre la tierra.

Libra recapacitó un momento y pensó en Infinito como ejecutora. Un instante después se reía de sí mismo. Qué idiota. Como si eso importara. ¿Cómo habría llegado la niña a aquella conclusión?

-Oye, Sárate...¡Sárate!- la niña, distraida pegó un respingo y contestó de mala manera- ¿como llegaste a la hipótesis de que Infinito era una chica?
-¿A qué viene eso ahora...?- la niña quería seguir viendo el paisaje urbano y Libra era un obstáculo en sus planes de gozo pasivo y obnuvilante.
-Por hablar de algo.
-Podriamos hablar de a donde vamos, porque todavía no me lo has dicho.

Libra frenó el paso un momento, ababtido por la actitud de la niña. No era justo, él podría haberla dejado anoche durmiendo encima del caballo afuera y no lo hizo; la condujo con delicadeza y sin despertarla al interior del templo y la arropó. Y no tenía por qué. Contrariado, no respondió mordazmente como solía, sino que cansina mente le explicó a grandes rasgos el por qué de su marcha a Palacio.

-Tengo ganas de ver a mi hermano. También tengo ganas de conocer a los otros dos miembros de esa triada de guardaespaldas destacados del Rey.-Sárate fruncio el ceño un instante y revolvió en el macuto en la grupa del caballo. Cuando se giró tenía un papel en la mano: la lista de aquellos guerreros que podrían igualar o superrar la fuerza del padre de los Doce. Libra miró el documento de soslayo; probablemente los nombres que figuraban en aquellas hojas eran las personas que más posibilidades tenían de detener a Infinito y, a su vez, de morir en sus garras. La niña lo miró y fue desenrrollando el papiro concentrada en la búsqueda, ajena al ajetreo a su alrededor y al bamboleo de Volador, como cuando miraba absorta la ciudad a su alrededor, pero ahora no tenía la mente en blanco.
-Bueno, para empezar esto está un poco antiguo, porque tu hermano Leo no me aparece como guardia personal de la corona de Vuugam. Solo me aparecen dos personas: Lardain, la Dama del Espejo y Mutarankaa, el Marionetista. -ojeó un poco más- estoy harta de los marionetistas, de cada cinco nombres de esta lista uno de ellos esta clasificado como marionetista. Es curiosos que una secta tan grande tenga tantos miembros poderosos. Normalmente, cuanto más exclusivas son las escuelas de artes marciales, mejor preparado sale cada estudiante, pero aquí tienen un nivel muy alto.
-Bueno, cuanta más gente haya, más posible es que haya gente buena ¿no? Solo por suerte, eso ya se cumple.
-Si, si.-dijo Sárate sin pensar mientras guardaba el rollo y volvía a sumirse en la contemplación. Sin embargo, Libra le hizo sacalo otra vez.
-¿Cómo? ¿No sabes quién es Marco Hécate?
-No...

Sin embargo la niña no dijo nada, siquiera se burló. Asimismo, tampoco le dijo a Libra quien era; se limitó a mirarlo desde el caballo con una ceja levantada y una sonrisa de divertida incredulidad. En el fondo se sentía estafada y un poco avergonzada ¿Ese paleto era capaz de derrotarla? ¿A ella? Bueno, la cultura y la desctreza no tenían que ver, pero era un poco frustrante para alguien con sus aspiraciones.

A mediodía comenzaron a ascender el tortuoso camino hacia la cima de la colina donde se encontraba el castillo que rodeaba el palacio. Llegarían allí al anochecer con suerte.

Y suerte hubo.

El puente levadizo aun no había hecho amago de movilidad cuando llegaron. Si Libra no hubiera sabido nada sobre la situación del reino, le habría hecho gracia el exceso de confianza de sus habitantes, pero, al verlo, le preocupó la situación.

Alrededor de Palacio la seguridad era mucho más evidente. Y a pesar de la fama de Libra -y, para su propio regocijo, de la Joven Espada de Jassarimp- les observaron con cautela y les interrogaron con inteligencia. Una vez comprovada su identidad e intenciones, propusieron ser presentados ante el Rey, pero Libra se negó.
-Vengo a ver a mi hermano. Si Su Magestad desea invitarme accederé encantado, aún así, preferiría ver antes a Leo.
-Está bien, Señor Libra, pero el Rey será informado de vuestra presencia, independeintemente de vuestros deseos.- El guardia se giró hacia Sárate pero mantuvo una distancia mas prudente que con Libra. Era la Niña Demonio, al fin y al cabo.
-A mi me gustaría saludar personalmente a Su Magestad y ponerme a su servicio durante nuestra estancia -Libra dirigió una severa mirada a Sárate y pensó en reprochárselo más tarde; esa idiota, como muchos creía que lograría el favor de un reino ofreciéndole su espada unos días, cuando en realidad lo que ocurriría es que pasaría a engrosar la serie de piezas que un monarca tiene a su disposición. Idiota...¿Pero en qué estaba pensando él? Esa niña le daba igual. Era poco más que una carga. Casi era una mascota. Si, eso era, su mascota.

Aún así, entre estos pensamientos denigrantes surgió la idea de que a las mascotas también se les coge cariño. La ahuyentó con un movimiento de cabeza y siguió caminando tras el soldado que le conducía por los jardines de palacio hasta donde estuviera su hermano.

Las ventanas de los patios estaban altas, para que los que pasaran por ellos no pudieran saber quien les miraba desde ellas sin delatarse con posturas poco discretas.

Eso no era problema para Libra, que con su ojo heredado y potenciado podía mirar en derredor y a través de las cosas sin girar la cabeza.

La situación era escandalosa en el interior: los corredores y aposentos de invitados, salas y comedores eran insultantemente preciosistas y ostentosos, pero muchas de las habitaciones, la mayor parte de ellas, estaban completamente vacías; algunas incluso, si estaban una encima de otra, se había eliminado el suelo (o en su defecto, el techo), evidentemente, para vender la madera. Aunque el dinero obtenido claramente no se usaba en la limpieza de las mismas.

Todas las cerraduras de las habiataciones ruinosas estaban echadas.

Avanzaron hasta las profundidades del edificio a través de los patios hasta que el guardia se detuvo y pidió a Libra, levemente avergonzado, que le dejara vendarle los ojos.
-Lo siento, Señor, pero las normas son las normas.
-Más lo siento yo. Qué desperdicio de pañuelo.
-Las normas son las normas-repitió el centinela, consciente de la inutilidad de áquel acto, y le guió por un sinuoso laverinto vegetal hasta llegar un recogido patio, donde una enorme figura lo esperaba espectante.
-Libra ¡Hermano!

Alto y rubio como Tauro, pero mucho más fibroso y fuerte, vestido con unas ropas -seguramente diseñadas para él en concreto- elegantes que dejaban sus brazos y la mitad de sus piernas al aire, evidentemente pensando en su peculiar estilo de combate, se encontraba Leo con su larguísima cabellera rozándole los gemelos y su densa barba dorada -recortada con precisión- haciendo equipo con el flequillo en la no demasiodo ardua tarea de ocultar su cara.
Ambos hermanos se abrazaron brevemente, contentos de verse de nuevo. Leo no cabía en sí de la sorpresa.
-Has te veo bastante cambiado -comentó él mientras se alejaba un poco para escrutar a su hermano. Cuando se fijó en la cicatríz que recorría su cara le dedicó una mirada ensombrecida (negro sobre negro, pues la mirada de Leo siempre había estado sepultada bajo sus cabellos) y añadió-Mucho.
-Yo no sabría decirte si has cambiado o no, Leo. ¡No te he visto la cara en mi puta vida, maldito greñoso!
-¿Y cómo es que has venido tú solo hasta aquí?
-No vine solo...Tengo una pequeña compañera de correrías...-Leo lo miró con picardía-...pero es algo inutil y accidental -Libra pareció rebuscar algo en su interior un instante- Poco más que una mascota. ¿Has oido hablar de Sárate la Niña Demonio Joven Espada de Nosedonde?.
-No.
-¿Ves? Ella está convencida de que es famosa, pero no la conocen ni los bibliotecarios de Ramordos. Bueno, pues esa me acompaña.
-Yo tambien tengo compañera de correrrías, pero nuestras corridas son distintas, ya sabes...¿Conoces a Lardain, la Dama del Espejo?
-De oidas...-dijo Libra incrédulo
-¡Estamos prometidos! -declaró Leo triunfante.

Leo empezó a conducir con su paso a Libra hacia uno de los lados del patio, donde había una puerta de recargada decoración. Libra se fijó que solo había otra en ése mismo patio, pero mucho más discreta.

Leo la abrió e invitó a Libra a pasar a su humilde morada en el palacio del reino de Vuugam.

-La puerta de al lado es la ahbitación del rey. Esta es mas cantosa para que los posibles intrusos vengan a esta y se encuentren conmigo. Lardy tiene vigilada a la reina de la misma forma.

Ambos hermanos estuvieron recordando los viejos tiempos; ninguna pregunta sobre cicatrices ni sobre reinos decadentes.
-Deberías quedarte a cenar... al rey la encantara tenerte entre nosotros.
-No pensaba hacer otra cosa.

Llearon entre risas al comedor, donde el resto de la corte estaba empezando a agolparse.
-¡Leo! -Aproximandose a paso rápido venía una mujer joven de su misma edad apróximadamente. Enfundada en un elegante vestido verde con volantes, Lardain portaba un gigantesco espejo enmarcado con gusto en suntuosas formas dibujadas por huesos de extrañas criaturas.- Debes ir a recoger a Su Magest...-Miró a Libra un instante e hizo una corta reverencia- Oh, los siento Señor Libra encantado de conocerle. Ya nos hemos enterado de vuestra presencia aquí. Sed vienvenido.- Se volvió hacia Leo de nuevo y lo miró con ternura- Su majestad te espera en sus aposentos. Ve pronto por favor.-sonrió- Que tengo hambre.
-Encantado, Lardain. Muy encantado. -Leo le dió un codazo a su hermano, que miraba a la chica sin pudor.Ella se alejó de nuevo, para acercarse a la reina, a quien debía custodiar.
-Luego, quien pone los motes a los superhéroes se lo está currando -comentó libra- La Dama del Espejo lleva un espejo, Aries saltamontes tiene patas sobrehumanas...
-¿Superhéroes?-dijo Leo extrañado- menudas cosas te inventas...me voy a recoger al jefe. Ve a saludar a la Reina o quedarás muy mal.

La reina resultó ser humilde y amable, lo que contrastaba con el ambiente en las calles; parecía realista en cuanto a la situación. No ostentaba porque no había con qué hacerlo, aunque, claro, no mencionó el problema en ningún momento.

Leo el Rey y el resto de la Guardia no tardaron demasiado en llegar.

El monarca era viejo, lento, ausente en alma, en vida. Parecía arrastrado por las propias alfombras, más que moverse por si mismo. Se desplomó en la cabezera de la mesa y un débil gesto con la mano les invitó a comer.

Libra, Sárate y él intercambiaron un par de palabras, pero el Rey no parecía impulsado a ser algo más que minimamente cortés. No es que estuviera desagradado; estaba, simplemente, exánime.
-¿Esa de ahí es Sárate? le pregunto Leo a Libra, que asíntió- ¡Pero si no tiene tetas! Y yo que pensaba que eso de que la Niña Demonio era por otra cosa...¡no esperaba que fuera una niña de verdad!.
-No seas idiota...no me la tiro. Ni siquiera tiene potencial. Es mi mascota.

Sárate no estaba lo sificioentemente lejos como para no oirlos y los miró con profundo odio.

algo interrumpió la velada un instante. Las puertas se abrieron y por ellas entró un joven vestido de oscuro con capa corta y cuello redondo y alto, de oscuros cabellos rizados entró en la sala con pesadas botas que retumbaban por todo el comedor.
-Mis disculpas por la tardanza, Majestad-dijo, inclinándose. El rey hizo otro gesto vago y el hombre se sentó a comer con avidez pasmosa y rigurosa concentración. Todos callaron y lo miraron engullir. A los pocos segundos recibió un codazo de Lardain que le señaló con la cabeza al Rey.

Mientras el silencio -roto solo por los ruidos del hombre de negro al comer- reinaba en la sala, el monarca babeaba con la mirada oscura, perdida, mientras su cabeza se deslizaba, falta de fuerza, por un hombro.

El hombre de negro levantó la cabeza un instante y lo miró y al verlo inerte, tamborileó discretamente en la mesa y el rey volvió a incormporarse súbitamente, mientras la conversación volvía poco a poco a la sala.
-¿Quién es ese tío? -preguntó Libra a su hermano.
-Es el tercero de la Triada. Pólux el marionetista.
-¿Pólux? dijeron Libra y Sárate, que estaba escuchando, a unísono
-Si, Pólux.- Confirmó Leo mirándolos a los dos. Y, aunque su cabellera estuviera de por medio, fue una mirada della de significado. Los ojos de Leo podían ser muy brillantes y el quería.

Fin del decimoséptimo capítulo.

La semana que viene el El segundo Despertar de Kamareni: Intriga reflejada.

martes, 18 de marzo de 2008

Capítulo XVI: Profecía reflejada.

Another!


Libra se removió incómodo en el triclinio ante la afirmación del sacerdote, pues en cierto modo era cierto. Pensó un instante. No quería revelar sus intenciones al primero que pasara, por muy buen anfitrión que fuera. Decidió tirar por el camino facil.
-Partí en su caza y me he enfrentado a su escolta muchas veces.-Shabin cambió el gesto- Si, tenía un escolta junto a él, pero en nuestra úlmima batalla murió.
-¿Murió...?
-Si -Libra entendía a qué se refería aquel hombre-Infinito lo mató.
-Accidentalmente, claro.
-No. Yo le gané en duelo y el monstruo decidió rematarlo por alguna razón. Aunque yo tambien lo hubiera hecho. Fue un momento algo confuso.
-¿Y dices que se alimentaba de los edificios?
-Si. Según los tocaba desaparecían dentro de su cuerpo. Al parecer era lo único que quería, pues solo mataba si la gente inpedía ese acto. Pero evidentemente, la gente lo hacía.-Libra rió un instante. La gran multitud de supervivientes ha formado una especie de gran pueblo ambulante que persigue al ser para darle muerte, pero parece que no lo consiguen.
-¿Y cómo es que la Joven Espada de Jassarimp te acompaña? Si, la he reconocido. -añadió Shabin al ver la expresión de asombro de Libra- conozco muy bien el mercado de los mercenarios y los matones. Me mantengo al tanto.
-¿Qué clase de interés puede tener un sacerdote en esa clase de cosas?
-Mi hermanastro es uno de los luchadores de artes marciales más reputados, seguro que lo conoces.
-Ni siquiera conozco a todos mis hermanos.- estaba pensando en Trece mientras lo decía.- ¿Cual es el apellido de tu familia?
-Hécate. Mi hermanastro se llama Marco.
-No me suena.
-Qué curioso.

La conversación paró súbitamente mientras ambos bebían de sus copas y continuaban picoteando, pensativos. La expresión de Shabin, sin embargo era más llamativa, más profunda.

-¿Que ocurre? ¿Sigues temiendo por tu familia? Ya te dije que no vale le pena, seguramente estarán a salvo.
-No. Pero es que ahora la profecía está casi completa.

Libra frunció el ceño un instante y sonrió, divertido. Nunca supo que era su propia ignoracia lo que le parecía tan gracioso.

-¿Como que profecía?
-¿Sabes algo de Religión, Libra?-el clérigo se esforzó en imprimir el desprecio necesario en el tono de la frase.
-Sé que ya no es necesaria, pues terminó el día en que mi padre terminó con la Guerra del Cielo y la Tierra. Mi padre venció al apocalipsis y ya no hay escrituras más allá.

Ahora le tocó reir a Shabin.
-El pueblo, siempre por el camino fácil...-se dijo a sí mismo sin demasiado disimulo.
-Oh, quizas el Señor Conocimiento Intrínseco quiera compartir un poco de su punto fuerte con este humilde siervo del, oh, tiránico y selectivo desconocimiento.
Shabin sonrió.
-Me pagan por eso.-Hizo una pausa y rectificó-Bueno, no me pagan, pero lo hago. Por amor. -Una ceja de Libra se movió- Al arte, claro.

...Hace inumerables millones de siglos, el vacío creó al primer hombre y a la primera mujer, Caelus y Titea. Como estaban solos y el poder infinito del vacío estaba a su disposición, cogioron todo el que pudieron, hasta convertirse en los dioses más grandes y poderosos. Como el vacio era confuso y el poder podía llevarla a la locura, Titea creó la Tierra, donde todo era ordenado y se posaba sobre el suelo.

Caelus, que quería recordar como era el mundo sin gravedad, pues le recordaba a su propio poder, creo el cielo.

Sus hijos y los hijos de sus hijos serían tambien dioses a su vez, pues adquirirían el poder del vacío que Caelus y Titea no había podido llevarse, siendo cada vez menos poderosos. Tras los alados, que se llevaron el ultimo vestigio de poder, llegamos nosotros los humanos, pero el vacío no daba más de si y somos la base mas simple de toda la vida inteligente.

Inumerables son los nombres de los hijos poderosos de Caelus, los dioses inferiores: Mardeim, Asgard, Luna...los hijos de estos, los poseidones: Gerbous, Meltokio, Efreet...los descendientes de éstos, los Titanes: Suzo, Iselia, Korin...así hasta llegar al último escalafón de los seres divinos, los genios: Himeneo, Luin...

Libra interrumpió a Shabin llegado ese punto con un sonoro casparreo.
-Cof, cof, cof, profecia, cof, cof.
Con el ceño fruncido el sacerdote accedió en silencio.


...El mundo...


Caelus y Titea...

Blanco y negro...

Mar y tierra...

De todo lo que hay, siempre hay dos.


Cuando el fin del mundo llegue, habrá dos finales.

Un día, tras las miles de muertes, tras el héroe, vendrá el monstruo, tan vil y despiadado que nadie podrá pararlo. Caminando desde otro mundo deborará las almas los cuerpos y las casas de todos los moradores de la tierra con el poder genial robado del cielo.

Nada...

...o todo

Podrá pararlo.

...Nada normal.

Trece falsos invencibles moriran.

O no.

La fuerza de los nobles cortará sus propias cabezas.

O no.

Los Alados no tendrán quien dirija sus vuelos.

O sí.

Por esto ninguno de ellos podrá combatir al monstruo.

O si.

Pero no vencerlo.

Solo el héroe que derrota sin matar podrá librar al mundo de este final.


...o no.




Libra se quedó pensativo un momento.
-Tras las miles de muertes y el héroe...¿Significa eso que el monstruo vendrá ahora que ha pasado la Guerra de Cielo y Tierra y mi padre consiguió pararla?
-Exacto. Tu padre no libró al mundo del apocalipsis. La guerra no es ningún monstruo, tan solo guerrra. Es el pueblo llano quien malinterpreta las escrituras y el vuelo de los pájaros.
-Y piensas que ese monstruo es Infinito.
-Exactamente.

Fin del decimoquinto capítulo

La semana que viene en el segundo despertar de Kamareni: Reflejo de una corte. Libra y Sárate visitan la corte de Vuugam; rencuentro con Leo y revelaciones.

martes, 11 de marzo de 2008

Ya hay fecha! ^^

April 28, 2008

Nevo sigle de Misono Koda, Nininsankyaku, opening de Tales of Symphonia, Down of the new world.

viernes, 7 de marzo de 2008

lunes, 3 de marzo de 2008

Capítulos XIV y XV

Nueva sesión doble. Yeah. Os aviso de que el cap. XIV es un poco duro , pero lo que sucede forma parte del personaje, y ahora podréis entenderlo mucho mejor. Por otro lado, con él finalizamos la Saga del monstruo. Antes de nada, decir que Infinito continúa apareciendo en la historia (¡vaya que si!), pero la percepcion sobre este personaje cambia, pues como ya sabéis, no es realmente un monstruo y desde este momento no se le trata como tal. Además quiero remarcar algo que quizás no hayáis notado. Tras alquilar una montura Libra y Sárate parten hacia el reino de Vuugam, hecho que acaece pocos días tras la muerte de Manirel. Sin embargo, Manirelle, su hermana, se une a Infinito dos meses más tarde, el tiempo que tarda en encontrarla. La nueva saga se centra en lo que les ocurre a Libra y Sárate en esos dos meses que Infinito tarda en llevar a cabo su plan de reclutar a Manirelle, para lo que era necesairio la muerte de Manirel a manos de un tercero. Como ya digo, esto no supone información nueva, ya que está en los dos capítulos que preceden a estos, es simplemente que quizás la forma de implementar el flashback sobre el pasado común de Sárate y Manirelle fue un poco torpe por mi parte y temiendo confusiones, he querido aclararlo. Espero que os gusten.

...aunque lamentablemente aún estamos sacando las piezas de la caja...


Capítulo XIV: Fraternidad y odio antes que el monstruo.

El tiempo que estuvieron juntas, Sárate y Manirelle vivieron vagando, escondiéndose del mundo exterior. La primera, porque esa había sido siempre su vida, pobre, rodeada de un aura sobrecogedora, repulsiva, sobrenatural, desde que perdió a su madre. La segunda, por su condición de elfa en un continente en el que eran poco más que leyendas mitológicas de lejanas y desconocidas tierras.

Había dos razones por las que la pequeña acompañaba a Manirelle; en primer lugar, quería aquella espada que ella le mostró en la playa ¡Era tan bonita! cuando la luz del sol la atravesaba, Sárate pudo ver el arco iris más claro y largo que hubo jamás. Empezaba en la oja del arma, donde los rayos se acariciaban unos a otros, pero ¿Dónde terminaría? Sárate ya había hecho planes para cuando la tuviera: la pondría frente al sol y dirigiría sus rayos contra el suelo para atraer hasta sí el caldero llebosante de monedas que había al final del arco iris. ¡Sus problemas terminarían para siempre!.

En segundo lugar, Mánirelle le recordaba a su madre. Y aunque no lo hubiera hecho, tener una compañía era razón suficiente, pues la locura de la soledad es mayor bajo las estrellas.

Cada vez que la miraba, veía una parte de la decadencia de su madre antes de morir, con aquella piel pálida, aquellas ojeras en torno aquellos ojos profundos, negros, hundidos y esa larga y lacia cabellera oscura como la más negra de las pesadillas.

Manirelle no era tan romántica. Un nuevo mundo se abría ante ella, uno en el que era rara, rechazada, temida. Solo alguien inocente, deseperado o ambas cosas le ofrecería su ayuda. Y habia encontrado ese alguien. Aquella niña...¿Era humana? No estaba del todo segura. Ciertamente, olía a Alado, pero, evidentemente no lo era. Aún así, había señales de que detectaba Seres Superiores de la misma forma en que lo hacían los Alados. Ella también lo había notado.

-¿Por qué desde que estoy contigo tengo todo el pelo para arriba?
-Es porque soy...tan especial que te pongo los pelos de punta.
-Es incómodo. No quiero que pase.

A Manirelle tampoco le venía nada bien la situación; de hecho arruinaba todos sus planes para encontrar a su hermano.

-Ven. Lo arreglaré. -dijo ella mientras rebuscaba en aquel saco que llevaba a todas partes. La niña se acercó y la elfa sacó una pequeña cuchilla. Sárate se negó antes de que Manirelle dijera nada, pero no fue necesario; ya sabía cómo eran los niños.

Tomó la hoja y se rasgó el dedo con ella, una pequeña hendidura roja que se deslizó hasta que la gota de sangre se extiguió en la palma. Sonrió, como si aquello le produjera un gran alivio.

-Si haces un pequeño corte justo donde yo lo he hecho es muy posible que muchas enfremedades que tengas desaparezcan, o que no enfermes en mucho tiempo. Seguro que tu pelo vuelve a la normalidad si me dejas hacértelo. La sangre de elfo es curativa también -mintió ella- si quieres podemos añadirla también.

Tras un momento de duda, Sárate asintió, y tras cortarla, unieron sus dedos sangrantes. Inmadiatamente, la raíz y las puntas de sus desatendidos cabellos bajaron, y quedaron como siempre habían estado.

-¡Que lista eres! -la niña rebosaba admiración.

En realidad era muy simple, o al menos eso le parecía a Manirelle. Básicamente, los Seres Superiores -Alados, monstruos, lobos, elfos...- eran capaces de detectar la presencia mútua, como los animales. Cada uno lo notaba de forma distinta: los elfos, por ejemplo, cambiaban su color de ojos caraceterístico, el negro, por un rojo inteso. Los alados erizaban sus cabellos. Era entonces cuando las particularidades de cada raza se descubrían; los elfos, con más sentimiento de manada que los, descubrían la proximidad de enemigo mirándose unos a otros, mientras que los Alados, que volaban solitarios podían valerse de sí mismos para esta tarea.

Aunque la niña no fuera un Alado, tenía algo que la acercaba a ellos: debía de ser una especie de híbrido, pues tenía forma humana, pero mantenía cualidades de esta especie, como la detección.

Al haber mezclado su sangre con la de Sárate, Manirelle esperaba reducir el rechazo que su sistema de alerta tenía ante ella, puediendose valer aún de él para encontrar a Manirel, pues el suyo no le servía pues no avisaba de la presencia de alguien de la misma especie.

Eran detalles que venían de un lejano pasado en el que humanos, elfos y el resto de razas eran aún seres salvajes e incivilizados, animales para los demás y animales entre ellos.

Era esa la razón por la que Manirelle no soltaba el brazo de la chiquilla en ningún momento, pues asi notaría enseguida cuando estos cambiaran. A Sárate le agradaba el gesto, pues no entendía el gesto más alla del aprecio.

-¿Que pasó con tus padres? -preguntó Manirelle durante una de sus caminatas hacia ningún sitio.
-No conozco a mi padre. Mi madre se quedo quieta como un árbol.-Marirelle creyó que entendía lo que la niña quería decirle- ¿Y tu hermano? ¿Por qué habéis venido desde tan lejos, por el mar?
-Mi padre era...-miró al cielo mientras hacía una pequeña pausa, como si buscara algo en concreto, pero, súbitamente, bajo la cabeza, consternada sin motivo aparente- muy malo y huímos de él.
-¿Y desde donde has venido? ¿a dónde da el mar?
-Vengo de la tierra de Jassarimp. Esta muy lejos de aquí.
-¿Cómo es Jassarimp? ¡Cuentame cosas de tu sitio!

Así pasaban los días, hablando de sus hogares de como era su vida.

-¿En que es distinto un hombre de un elfo?
-Los elfos somos más rapidos y solo tenemos el pelo negro. Podemos hacernos invisibles pero solo si no tenemos ninguna herida. Somos más fragiles tambien.

Un día Sárate empezó a reaccionar. Comenzaron a seguir un camino que solo estaba marcado por la corriente estática del instinto animal.

Llegaron a una explanada, donde distintos carromatos y caravanas se preparaban para afrontar la fría noche. Los rayos del crepúsculo sobre la tela de las carpas y carretas hacía que el blanco y rojo se acentuaran, como si aquella pradera estuviera salpicada de manchas de sangre.

Era un circo ambulante.

Manirelle se quedó entre los árboles mientras pedía a Sárate que encontrara a Manirel. Salir estando tan débil cuando aún había luz era peligroso, siendo tan reconocible era un error.

La chiquilla caminó entre las carpas con precaución pero con naturalidad, fijándose en el brazo, viendo como notaba el pelo más encrespado a cada paso que daba.

Cuando su melena empezó a comportarse como si estuviera bajo el agua supo que había llegado. Miró y vio a un hombre de oscuros cabellos y ojos como pozos. No tenía buen aspecto. Bueno, su hermana no lo tenía, asi que pensó que en la familia debían ser todos así y volvió junto a la elfa.

-Esta en una jaula. Con llave.
-Consiguela. Busca un carromato que sea más ampuloso de todos y busca ahí.
-¿Amposo?
-Busca uno muy decorado.
-Todos son...
-Busca uno dorado. O marcado con un símbolo. ¡vamos!
-Pero...-La expresión de Manirelle cambió completamente y miró a la niña de una forma tal que cualquiera que lo hubiera sufrido se hubiera quedado sin habla.
-Hazlo o te mato.

Si no se hubiera dado la vuelta y marchado en dirección al campaento nada podie podría decir que eso pudiera haber pasado en ese instante.

Lloriqueando de miedo, Sárate se alejó a trompicones de los árboles donde Manrelle se mantenía oculta.

Hipando y sorbiendo, la niña se internó de nuevo entre las carpas, mientras los vivos colores de las telas se difuminaban entre las lágrimas de sus ojos y la proximidad de la noche.

El miedo le hizo perder el cuidado; ¿Cómo la mataría Manirelle? ¿Qué haría ella para evitarlo?¿Qué símbolo debía buscar? No entendía nada, solo que moriría si no abría la jalula donde aquel hombre estaba encerrado.

Gimiendo como un animalillo torturado se sentó, casi abalanzándose sobre la tierra, abrazando sus rodillas como si pudieran protegerla de una muerte que no sabía evitar.

Si hubiera estado más atenta hubiera oído el chirriar seguido de un golpe seco y unos pasos que se pararon frente a ella.
-¿Quien eres tu..?¿Qué haces aquí?

Alzó la mirada y vió a un hombre alto y gordete, que le hablaba con desde su boca caida, en su cara redondeada.

La niña no respondió, pues seguía sollozando, así que el hombre decidió evitar las preguntas complicadas.
-¿Te has escapado?-ella berreó afirmativamente.
-Vaya...que triste pareces...ven aquí...-El hombre la achuchó suavemente-Quieres pasar a mi carromato? Se está haciendo de noche y en medio del campo hay hombres tan malos que ni siguiera oculta entre las carpas estarás segura -Sárate pensó en Manirelle y se dejó coger en brazos por el hombre, que la llevó al interior de un carromato con un toro dorado en la puerta, aunque ella no lo vió.

La estancia era reducida, pero acogedora, como una casa en miniatura, con su cama, escritorio, ventana e incluso una agradable alfombra.

La luna ya estaba alta cuando Sárate se calmó, tras una taza de leche que el hombre le sirvió de un cubo bajo el escritorio, ella decidió contarle lo que ocurría. Aquel hombre parecía bueno y fuerte: la había estado consolando todo el tiempo, apartando el pelo de su rostro , aderido a él por las lágrimas. Además parecía importanete, pues llevaba un manojo de llaves colgadas del cinturón que tintineaban a cada paso que daban, diciendo con su voz baja y aguda que aquel hombre podía abrir las puertas que se le antojaran.

Pero el hombre no la dejó.
-¿Qué edad tienes?-Sárate no entendío la pregunta.-¿Cuantos años...?-Sárate nunca supo qué edad tenía pero el hombre la calculó unos siete años.
-¿Quieres quedarte aquí un tiempo?
-...Si...
-Pero no puedo dejarte estar aquí sin nada a cambio. ¿Entiendes?

La niña lo miró extrañada mientras el hombre se incorporaba, mientras el cinturón y las llaves caían pesadamente al suelo.

Sárate lo entendió al instante; había visto a muchos hombres y mujeres hacerlo, aunque nunca lo entendió. Siempre pensó que debía ser muy doloroso.

Sárate intentó huir pero el hombre la agarró del pelo y tiró de ella para agarrarle la cabeza.

Atrapada, movió las piernas para imponerse a las intenciones del hombre, pero lo que a él le interesaba no estaba tan abajo. Tiró de su cabeza para hecerla incorporarse y la tapó la nariz.

Todo había ocurrido muy rápido, pero lo que sucedío despues fue lo mas largo que Sárate vivió en su vida.

La chica escupió una, dos, tres, veces. ¡Era todo tan asqueroso...! La pessadilla era tan horrible que apenas podía pensar. Se derrumbó junto a la ventana y trató de incorporarse mientras su gentil anfitrion reía sin mirarla. Alzó la vista y vió a Manirelle, translúcida en alguna de las partes de su cuerpo, intentando fundirlo con la noche si éxito, pues su cuerpo herido todavía no alcanzaba a la perfección la invisiblidad de los elfos. Desde la ventana ella le señaló con un gesto el manojo de llaves, cercano a ella. Sin dudar un instante, Sárate se lo dió.

No supo decir si Manirelle sonrió o expuso una mueca de tristeza antes de rebuscar en su saco tintineante, tenderle silenciosamente la espada acristalada y desarapecer en la noche, en busca de su hermano.

Cuando la espada entró en contacto con su mano Sárate sintió algo como nunca antes. Decidida, supo que aquel hombre debía morir.

Nunca nadie le había enseñado a balndir aquella espada, pero supo usarla. Simplemente debía blandirla por el aire y chasquear los dedos. Todo lo que la punta de la hoja hubiera señalado sería cortado. La cabeza del hombre rodó sobre la agradable alfombra y Sárate escupió de nuevo. Sobre ella.

Los sentimenientos se mezclaron y tomaron forma en su corazón y de ahi fueron a su cabeza. Se sentía sucia, rastrera, pobre. Pero con esa espada era temible, fuerte.

Nunca permitiría que algo como lo de aquel día le sucediera de nuevo. Sería una la mejor mercenaria, la más gloriosa que jamás hubo.

Con esa espada era posible.

¿De dónde dijo elfa que era?
-De Jassarimp.
-Gracias, espada.
-De nada, niña.

Fin de la Saga del Monstuo


Capítulo XV y primero de la Saga del Reflejo: El reflejo distorsionado del reino de Vuugam.

-¿Por qué Vuugam?¿No es mejor ir a Virgavía?
-Si quieres ir a Virgavía bajate del caballo y ve.

Sárate resopló. Libra siempre se mostraba esquivo. ¿No podía responderle por una vez?

-Pero si en Vigavía está...-insistió ella.
-¡Ya se quién está! Mis hermanos y yo debemos evitarla. Tu no la conoces.
-¡Pero si tu tampoco...!
-¿Y qué? Sagitario nos advirtió de ella. Por mucho que sea mi hermana no nos conviene. Nos arreglaremos tan bien en Vuugam como en cualquier otro sitio.
-Pero, de los Doce es la más fuerte. Mira dónde esta ella y dónde estás tu.
-Es verdad, con una niña pesada y repulsiva sobre un caballo que vuela.
-Desde lugo me sentiría mucho más segura con ella que contigo -continuó ella, ignorando el comentario.
-Ella no persigue a Infinito. Mala suerte.

Las murallas del reino, ya cercano, se divisaban ya en el horizonte. Si algo era el reino de Vuugam, era rico. Orgullosos de esto, los vuugambos habían hecho de él un lugar precioso, cosmopolita y, sobre todo, gris, gris piedra.

La puerta que daba acceso a dichas tierras era ya lo suficientemente bella como para hacer paliceder a toda la arquitectura de Ramordos por entero.

Compuesta de tres arcos peraltados y coronada por una imponente estatua de Vuugam VI, éstos lucían sus arquivoltas por las que se enmarañaba una compleja decoración vegetal.

Entre los arcos, puertas macizas de cobre, reforzadas con púas (siempre bellas) conta los arietes relucían casi tánto como los cascos de los soldados que los flanqueaban. Tras realizar un par de preguntas clásicas de aduana (Sárate resultó ser la aprendiz de Libra, al menos para los guardias), se mostraron muy amables.
-El palacio está a tres días a paso rápido desde aquí.- Le comentó uno de ellos, gentilmente.
-Gracias, pero no vamos a la corte-respondió Libra de igual tono- tenemos asuntos que atender. Es una pena no honrarme con la presencia de su Majestad, pero tengo algunos asuntos muy densos que terminar por estas tierras.

El guardia asintió extrañado mientras se dísponía con sus compañeros a abrir la pesada puerta.

Tras un día de trote lento a través de la urbe, no habían encontrado un lugar dónde pasar la noche por un precio razonable. Vuugam era un sitio muy seguro, y por eso el alojamiento era muy caro; más en la zona más cercana a la muralla, más bella, de construcción más reciente y con más presencia militar debido a la fortificación. La gente era muy distinta allí de la de los protectorados de alrededor de Ramordos; el hecho de ser Libra ojos de araña y Sárate, la Joven Espada de Jassarimp no les reportó ningún descuento. Asi de orgulloso era ese pueblo.

Sárate ya dormía sobre su espalda cuado Libra detuvo a Volador frente un templo que aún conservaba los andamios de final de obra. El chico se bajó y recorrió el crepis hasta la entrada del templo y llamó a la puerta mientras echaba un ojo al acabado dórico de las columnas.

Tras un instante, un sacerdote envuelto en una túnica parda abrió la puerta y, tras reconocer a Libra, le saludó efusivamente y le dejó pasar con amabilidad, no sin antes extrañarse.
-¿Por qué no acudes a palacio?
-La verdad, no esperaba tener favores con la corona de este reino. Y no debo ser demasiado celebre por aquí; ni siquiera los posaderos me han hecho una rebaja ¿Por qué debería acogerme el Rey?- comentó el mientras ataba el caballo y se preparaba para desmontar a Sárate con cuidado.
-¿No andas al tanto de las andanzas de tus hermanos, verdad?-Libra miró al sacerdote, interrogante- Tu hermano Leo se ha asentado en la corte como uno de los componentes de la Triada de Vuugam, los tres miembros más destacados de la guardia personal de Su Majestad.-Libra se palmeó la frente como castigo por no haber seguido más de cerca los pasos del hermano al que estaba más unido.
-¿Hace cuanto que fue eso?
-Va ya para bastante. Hablamos de mas de dos años. Antes de que yo llegara aquí el ya ostentaba ese título. Pero, no me hagas caso, ¿sabes? solo llevo un año por aqui, yo soy de Stalza.
-¿Cómo te llamas? -preguntó el chico, que había olvidado hasta entonces las pocas normas de educaión que conocía.
-Shabin. ¿Has oido algo sobre Stalza últimamente, por cierto? -Libra titubeó un momento; Stalza fue uno de los primeros pueblos pequeños en ser arrasado por Infinito.
-Fue arrasado por un monstruo y ahora no existe. Lo siento. -la expresión de Shabin cambió, pero Libra se apresuró a apostillar- no te preocupes, ese monstruo se alimenta de las casas de la gente y solo mata si se interponen en su camino, hay gran numero de supervivientes en todos los pueblos que arrasa y muchos de ellos se unen a una milicia errante que parte a la caza de ese ser. Posiblemente tu familia y amigos estén allí con ellos.

Shabin cerró la puerta del templo y le condujo hasta la pronaos del templo donde había un funtón, en el que dejaron el cuerpo dormido de Sárate y se movieron hasta la primera estancia del templo en la que había un par de triclinios. El sacerdote trajo vino, uvas y queso y cenaron mientras hablaban.

-Asi que guardia personal...no es moco de pavo en un reino tan distinguido como este.
-Bueno...tampoco te creas que esto va tan bien. Desde hace ya tiempo todo va muy mal, pero todo el mundo se esfuerza en ocultarlo.
-Lo hacen bien.
-No si te fijas. Mira este templo por ejemplo-Shabin hizo un gesto amplio con los brazos- aun esta por terminar, desde hace meses no ha habido ningún avance, ningun obrero se ha presentado por aqui. Me pusieron a mi aquí porque la Iglesia quiso abrirlo ya, pero aun así, no pueden mandar genta a ayudarme. Los posaderos no pueden permitirse gastar nada mas alla de lo que deben, cómo hacían antes. ¿No te han ofrecido ir a palacio cuando has llegado, Libra?
-Si, así es.
-¿Y no sería normal, dada la circunstancia, que aunque te negaras, enviaran un carro para llevarte o que hicieran partir un emisario para informar a palacio?
-Así visto sí.
-Pues no lo han hecho porque el dinero de la corona es esfuma. No se como, pero lo hace. Estan vendiendo los carros. Despiden sirvientes. Todo el dinero de Vuugam pasa por las manos del Rey, y si este lo pierde, todo el reino se empobrece.

El religioso hizo un gesto con el ceño fruncido antes de continuar, mirando a Libra con preocupación.
-Necesito que me hables de lo que pasó en Stalza. Creo que tengo derecho a saber.
-No se demasiado.
-Sé por tus ojos que pudiste impedirlo. Cuentame ¿Qué es ése monstruo?

Fin del decimoquinto capítulo

La proxima semana en El segundo Despertar de Kamareni: El reflejo de una profecía. Nuevos descubrimientos de la Profecía del Demonio a manos de Shabin; Más detalles sobre Leo y los otros componentes de la Triada ¿Quién esta estafando a la Corona de Vuugam?