jueves, 16 de octubre de 2008

Capítulo XV: Reflejo de un país extraño bajo tierra.

Otro capítulo más...

Espero que os guste. A mí me ha gustado. O_oU


La euforia de Libra se fue apagando según se fue adentrando por el pasadizo que le llevaba a la cara oculta de Vuugam.

Independientemente de las expectativas que uno hubiera depositado en aquel lugar, no se veían cumplidas.

Las de Libra en concreto pasaban por unos pasadizos húmedos, apestosos y y oscuros, en los que moverse y asesinar e interrogar con facilidad; nada más lejos de la realidad.

Cuanto más atrás dejaba la oscuridad de la superficie de Vuugam más parecía adentrarse en lo que era un nuevo día bajo tierra; centenares de candelabros de estrafalario diseño, llenos de picos y curvas alumbraban unos muros que parecían hechos de nieve recién caída del cielo, y moldeada por ángeles de extraños gustos, pues, aunque cada sillar era de una forma distinta, escultural y única, estaba perfectamente escuadrado con sus hermanos.

Era todo tan limpio simple y puro que parecía encontrarse en el mismo cielo más que en cualquier lugar de la tierra.

Frente a él se abrieron tres gandes corredores enmarcados por columnas virginales de liso fuste y controvertido capitel que sujetaban arcos que parecían ramificarse y enrollarse entre ellos como si las estancias estuvieran hechas de enredadreas de hielo.

Los corredores laterales parecían dar a estancias secundarias, pero Libra no podía asegurarlo dádo que su longitud parecía infinita, y no pensaba mirar más allá a la hora de tomar dicha decisión. Avanzó por el camino que le quedaba delante, donde un gran arco precedía a lo que parecía ser una gran plaza plagada de vegetación.

Se adentró en ella y se vió rodeado de gruesos bambúes que lo acariciaban con sus hojas según avanzaba entre ellos. Eran fuertes, tanto que no se movían a su paso. Eso tambien era un problema cuando a veces resultaban estar juntos.

Aqueñ lugar no parecía tener ni fin ni sentido, y las cariñosas plantas no parecían acabarse. Sobre él, una cúpula acristalada filtraba una luz más intensa que la de cualquier dia que él hubiera visto jamás ¿Cómo era eso si era un lugar bajo tierra, y afuera era de noche? ¿cómo era posible que la cúpula tambien se dejara anochecer de cuando en cuando, dejando ver las estrellas a través de ella?

En uno de ésos súbitos crepúsculos antinaturales, Libra oyó algo a su alrededor. Pisadas. Voces.

Miró a su alrededor y distinguió a un par de marionetias de coloridas capas que avanzaban entre los bambúes cómo él. Trató de leer sus lavios, pero la vegetación era demasiado densa que aquel invernadero como para poder lograrlo, aún incluso para Ojos de Araña.

Miró a su alrededor con más detenimiento y maldijo para sus adentros. Junto a el había decenas de marionetistas, susurando, paseando solos o en grupos ¿Cómo había podido ser tan poco cuidadoso? tenía suerte de que ellos no se hubieran percatado de su presencia, como le había pasado a él con ellos hasta entonces.

Libra se dió cuenta de lo que aquella habitación era entonces; era una cámara silenciada por aquel alto manto verde que cubría a todos los que entraban en ella; ahí nadie salvo que estuviera a tu lado podría oirte o verte. Era una cámara para conspirar, pero, para Libra, cuya visión era superior a la de cualquiera, era el lugar perfecto para interrogar a alguien y seguir avanzando.

Respiró hondo, cerrando los ojos, clamado. Cuando los abrió inició una carrera con tal determinación, con tal instinto asesino que cualquiera hubiera podidido jurara que las hojas de bambú tenían tanto miedo de tocarle que se apartaban de él.

En completa tensión pero con rigurosa calma, las maneras de alguien que nace con el don de quitar vidas, uno sólo de los múltiples dones que el padre de los Doce otorgó a sus hijos, se comenzó a acercar a un marionetista meditabundo, conteniendo el ansia; la dulzura que le esperaba, la mera posibilidad le ponia el cabello de punta.

Así era Libra, un tipo de gustos sencillos, más bien de tendencias básicas. El sabor de la emocion de la batalla, de arrebatar una vida, amor, y, muchas veces tan solo las mujeres, era tan sólo lo que Libra necesitaba para ser razonablemente feliz.

Un ruido seco que nadie pudo percibir, un par de hojas que caen al suelo.
-Un moviento será el último, pelos de zanahoria.
-¿Qui..?¿Quién eres tú?
-Eso no importa...¿Dónde está Pólux?
-¿El Servidor Real?

Libra le apretó un poco más el cuello y le sacudió mientras endurecía la presa
-¿¡Quién si no!?
-Esta bien esta bien...al norte...por el pasillo...no estará mucho tiempo...
-Muchas gracias- Libra tiró al suelo a su rehén y desenfundó una de las ballestas. Casi al instante, miles de lineas onduladas salieron de su ojo mientras una marca negra se extendía por su párpado y colocaban por él una flecha frente a la cuerda del arma.
-¿Que demonios...? -Al caer al suelo y darse la vuelta, el Marionetista se dispuso a contraatacar y lanzó contra los árboles varios cuchillos aundados con finos hilos a sus dedos, aún así, la flecha de libra le atravesó la cabeza justo antes de que las plantas se doblaran del todo y lo atraparan.
-Así que éste es el poder de los marionetistas ¿Eh? Dominar aquello que está unido a sus dedos...

Tanteó el cadáver en busca de dinero y otros objetos útiles; acabó quedándose con varios cuchillos que portaba el Marionetista, todos unidos a sus dedos por hilos.

Miró al cielo para orientarse antes de que amaneciera en falso de nuevo y emprendió su marcha, rodeado de un halo de de violencia, contenida, refinamiento, deleite.

Sembró su camino de cadáveres, sin razon, tan sólo necesidad. Quizás llebaba demasiado teimpo sin sentir aquella sensación; puede que la mera idea de estar huyendo, y más de Infinito, en principio su objetivo, le impulsara a tratar de sentirse poderoso de nuevo.

Cuando alcanzó el corredor que le habían indicado, notó que ése era sustancialmente distinto; bajo sus pies, una alfombra negra y dorada amortiguaba sus pasos, y había algunos mosaicos de aspecto extraño decorando las paredes; los candiles habían dado paso a unas expectaculares lámparas que colgaban del alto techo; a pesar de que lIbra no había tenido sencaion de bajar, sí sabía que la profundidad a la que se encontraba ahora era mayor.

Caminaba despacio, agazapado, con el sabor de la muerte en la boca, pero un ruido interrumpió su avance; rápidamente se encaramó a una columna y asomó un poco la cabeza para observar.

Un grupo de figuras uniformadas acababa de salir de una puerta lateral. Eran tres, y portaban un paquete con ellos. La mas bajita y menuda se movia lijeramente encorvada y con poco garbo, algo torpe, meneando su coleta alta de un lado a otro. Tan sólo llebaba un par de bandas de colores, pero las otras dos, una alta con el pelo negro y verde y la otra, muy abultada y con un pelo largo hasta las rodillas, llebaban por lo menos doce o quince colores en la capa.

-¿No estátis nerviosos? -comentó la última, que portaba el bulto sobre su hombro.
-Sí.-comentó escuentamente la bajita de la coleta, que sí parecía agitada.
-No sé que te hace estar tan expectante, eres una marionetista incapaz de hacer su trabajo. Sin no fuera por nosotros dos, serías un fiambre ¿sabes?
-¿Pero no nos hascienden también a nosotros?
-Si, pero menos a cada uno ¿sabes? No sé por qué te negaste a matarla.
-¿No hubiera sido engorroso?

El trío se detuvo un instante y Libra se movió rápidamente hacia una pequeña puerta cercana, y empujó el pomo.

Pero no sirvió de nada y un ruido hueco retumbó por el pasillo.
-¿Qué ha sido eso?

Cuando el marionetista se giró Libra no estaba ahí.

Libra se apoyó sobre la puerta y suspiró; había tenido que mirar el interior de la cerrradura y crear la llave con su ojo en menos de un instante. No quería enfretamnientos que no fueran de uno en uno.

Miró a su alrededor y se vió en un estrecho y curvo corredor lleno de libros; apenas cabía entre ellos y los papiros entre las hojas.

Sus ojos se adaptaron rápidamente a la oscuridad y vio aquel lugrar tenue y polvoriento como si la luz del sol lo bañara.

Avanzó lentamente sorteando las pilas de documentos a sus pies; ni el suelo ni las paredes, siquiera el techo se divisaban de lo cubierto y polvoriento que estaba todo.

El corredor se fue ensanchando, pero la vista era igual de abarrotada que antes. Finalmente llegó a una amplia sala, en la que había algo nuevo.

En en centro de la estancia sobre un escritorio igual de poblado había una persona, encorvada sobre un largo papiro, concentrada plenamente en la escritura.

Súbitamente se levantó del asiento, pero no reparó en Libra sino que dió un par de saltos hacia un par de libros, los tocó y, tras dar un par de vueltas a la mesa, se sentó de nuevo y prosiguió escribiendo.

Extrañado, Libra se acercó a la figura con curiosidad tal que su instinto asesino se disipó por completo.

Era una chica rubia, de cara bondadosa, curva pero alargada, de aspecto amable, con cabellos ondulados color miel.

Por más que se acercó, ella no pareció notar su presencia, salvo cuando se levantó, para suspirar un poco, y entonces sobresaltada un momento, le saludó.
-Oh...¡hola...-Pareció fijarse en el rostro de Ojos de Araña, pero evadió hacer ninguna referencia tanto verval como gestual -¿quién eres? no veo mucha gente que no sea marionetista por aquí.
-No soy nadie. Estaba de paso.
-Yo soy Seimar. ¿Te puedo ayudar en algo?
-He visto unos cuanto marionetistas ahí con aspecto curioso. Andan rondando por aquí
-Verás muchos más; ahora la junta está reunida y muchos marionetistas patrullan por los pasillos.
-¿Cuánndo terminará la junta?
-No lo sé lo siento. -Estuvo a punto de ponerse a escribir de nuevo, pero justo antes alzó la cabeza y añadió - Al final de ese corredor hay una pequeña fisura en la pared por la que podrás ver y oir todo lo que se vea en la junta. ¿Lo verás?
-Voy a ello, gracias.

La luz que se filtraba por aquella grieta iluminaba la estancia como la luz del sol, tal era la penumbra que reinaba en aquella extraña biblioteca.

Puso el oído sobre ella, pues podía ver a traves de la pared igual de facilmente que del negro de aquella oscuridad.

Súbitamente Seimar apareció a su lado.
-¿Necesitas ayuda?
-No hay nadie en la sala.
-Todavía no. Los marionetistas tienen una extructura muy compleja.
-¿Cómo?
-Los Marionetistas tienen cincuenta grados. A mayor grado, menos habilidad y mismo número de componentes del grado. En el grado cincuenta hay ese número de marionetistas, pero son todos morralla, gente que a iniciado su interes por la organización y que ha empezado a ser instruida en técnicas avanzadas. La Junta esta formada por 12 personas actualmente, los integrandes de los grados dos al cuatro por completo. Desde que ocurrió el Gran Advenimiento de los Marionetistas el nuevo numero uno, líder adsoluto del gremio, no aparece, y se comunica con la junta a través de uno de los número dos, Pólux.
-¿Tiene el grado que ver con los colores de las capas?
-Sí, a mas franjas de color, mayor es el grado.
-¿Y qué es eso del Advenimiento?
-Hace unos cuantos años surgió un marionetista de tal poder que llegó a la cúspide haciendo desaparecer a todos aquellos que se opusieron a ello. Y una vez las bajas fueron repuestas, el resto de los marionetistas tambien fueron ajusticiados para ocultar la identidad de dicho individuo, asi que sólo quizás Pólux sabe quien es el líder de los marionetistas.
-Me gustaría conocer a ese tipo.
-Bueno...pues esta no será la ocasión -rió Seimar mientras se alejaba-

Poco rato después los tipos que Libra había visto en el pasillo entraron en la sala y se entaron a esperar a sus superiores. Los obsevó más de cerca; El tipo grande de pelo largo llevaba un número absurdo de perforaciones en la oreja y sus rasgos eran toscos, hasta donde sus onduladas greñas permitían ver.

El delgado del pelo verde parecía finalmente bastante robusto, pero tenía un poco de piel sobrante bajo la barbilla, cómo si hubiera adelgazado recientemente.

La de la coleta era una chica joven de pómulos abultados y ojos pequeños, que se dejó caer sobre la dura silla frente a la mesa sin gracia alguna.

Libra los noto extrañamente silenciosos, comparado con la vez anterior; quizás estuvieran nerviosos, tal como oyo decir al ricitos, el cual dejó el paquete sobre la mesa. Era grande y bastante lijero; su forma le recordó a algo, aunque no sabría el qué.

Era una situación aburrida; los tres marionetistas ni se miraban unos a ortros, tan solo miraban fijamente el bulto sobre la mesa, sumidos cada uno en sus propios pensamientos.

Libra observó con más detenimiento aquella sala, tan rica como el resto de la guariad de aquella extraña y ostentosa secta. La alargada mesa estaba situada frente una gran puerta por la que el tría había entrado; en el extremo opuesto, trece grandes tronos negros y blancos de recargada decoración, junto a los que había una puerta mucho más discreta, que comenzó a abrirse.

Por ella entraron dos marionetistas con coloridas capas, en las que Libra llegó a contar cincuenta y nueve franjas de color; eran los dos integrantes del puesto dos.

Pólux ocupó el trono a la derecha del más grande, -Libra supuso que pertenecería al misterioso número uno- y el otro tipo el de la izquierda.

Libra se fijó en él y tuvo una extraña sensación de déjà vú. Su rostro era negro como la oscuridad, pero sus ojos azules y sus cabellos dorados le hacían parecer extraño y sobrenatural, y le recordó a alguien, pero, al igual que le pasó con el paquete sobre la mesa, no supo identificarlo.

-Cómo sabéis, los otros diez cargos están ocupados con misiones y asuntos propios, así que estas reunión se limitará a la presencia del cargo Dos. -Dijo Pólux.
-Inicio de la Reunión Diez mil setenta y séis, estando presentes los Marionetistas Praid y Igama , del rango treinta y veinticuatro respectivamente y la marionetista Sasoidara, de grado cuarenta y nueve -Prclamó un discreto escriba que ahbía aparecido en una de las esquinas de la habitación.

Comienzan las revelaciones.

Fin del decimoquinto capítulo.

En el próximo episodio: Reflejos desvelados