viernes, 2 de noviembre de 2007

Capítulo VII: Saga del Futuro V

Este es el séptimo capítulo. Espero que os guste.

Los ojos claros del Marionetista se pasearon por la holgada armadura que cubría a Marco hasta que se detuvieron sobre su brazo desnudo y admiraron su musculatura, marcada y voluminosamente bella. Pero no pudo evitar pensar que bajo esa piel, innumerables invencibles bestias habitaban a las órdenes del huésped. Las mismas bestias que ahora podían liberarse y acabar con todo su plan... Pero no había sido así. Y aún conservaba sus hilos sobre el resto de la armadura que se deslizaban serpenteando por la piedra sobre la que él estaba sentado hasta la plácida sombra a la que descansaba el Marionetista . La cuestión era ¿Podría mantener la situación el tiempo necesario?
-¿Qué miras, negrero? ¿Temes que con este brazo que ya no controlas termine con tu miserable vida?
-Usted no puede mover, Señor, la armadura que lleva puesta, pero yo con mis hilos y su fuerza sí. Por eso no puede matarme, por que sin mi no puede moverte hasta aquí.

Marco soltó una maldición amplificada por el eco del metal. A pesar de que el yelmo no se movió, su cabeza si lo hizo dentro de él y giró para mirar a su captor a los ojos.
- Yo vivía feliz entrenando para hacerme más fuerte. Esperaba superar al Guerrero Magno con mis técnicas, pero apareciste tu -escupió esta última palabra- me encerraste aquí dentro para usar mi fuerza para tus planes. Comprende que después de esto te mataré.
-No es culpa mía señor. Yo cumplo órdenes -la encorvada figura a la sombra bajó la mirada un instante dudosa.
.Sí. Tus propias órdenes.
-No...
-Me ofendes con tu mentira. La asociación de los Marionetistas otorga sus conocimientos básicos a cualquiera, pero estos son ínfimos. No ejerce control alguno sobre los individuos que reciben estas habilidades, pues son meramente anecdóticas. Para los que quieren más poder, han de involucrarse en los oscuros callejones de la organización haciendo algo por ellos. Si no recuerdo mal, lo llamáis el Método de Promoción. A medida que se acercan rangos superiores el Método es más exigente con los encargos, haciendo que aquellos que quieran mayor poder se involucren más en la secta, resultando el control de ésta sobre ellos directamente proporcional a su poder.
-¿Cómo sabes todo eso...?- Marco ignoró la pregunta y la sofocó continuando con su discurso.
-Viendo tu uniforme has debido promocionar dos veces, puede que tres. Es patético, además me ha apresado la morralla de una asociación patética preocupada sólo por las intrigas internas por las escalas de poder. Supongo que el Método te permitirá ascender cuatro o cinco grados de golpe por esta iniciativa tuya -volvió a recalcar esa última palabra- ¿No es cierto, negrero?
La coleta del Marionetista se sacudió revelando su histriónica tic de tocársela en cuanto perdía un poco los nervios. Respiró hondo y se limitó a repetir la pregunta.
-¿Cómo lo sabes?
-Durante mi entrenamiento y antes, estudié al milímetro todas las escuelas de artes marciales y similares en la medida de lo posible. Quizás no pertenezca a ninguna, ni use ni conozca sus técnicas, pero puedo reconocerlas rápidamente y enfrentarme a ellas con esos conocimientos.
-Está obsesionado.
-Tu también deberías estarlo un poco -dijo moviendo de nuevo su brazo liberado y estirando los dedos, haciendo crujir los nudillos, por los que se deslizaba un ojo que tras un breve pestañeo desapareció en algún lugar dentro del cuerpo de Marco.
-No le negaré algo de razón, Marco, debo contactar con Eihwaz inmediatamente.
-Eihwaz...la secta de los Marionetistas...¿y qué haremos hasta entonces, cara de caballo?
-Este es un buen sitio para descansar. -La desgarbada figura se levantó y se acercó con paso renqueteante al río que recorría el claro.- Así lo haremos hasta que la organización me de algo mas de apoyo. Yo por ahora me voy a bañar. -Comenzó a quitarse la ropa dejando a la orilla por un momento las cruces de madera que estaban unidas a los hilos.
-¿No me haces darme la vuelta?
Los hombros del Marionetista de encogieron en un gesto de indiferencia mientras se hundían en el agua. Fue entonces cuando Marco, dejando de lado el poco garbo con el que se movía, lo delgado de su figura y lo roto del tono de su voz, tuvo que reconocer que su Marionetista era una chica con un extraño atractivo.

***

El Emperador Rojo se acercó a Ahámoor, que estaba concentrado en los colores de la vidriera semiensangrentada cuyos colores la luz proyectaba sobre su pálido y mortecino rostro, oculto en gran medida por la capucha terminada en pelo de lobo gris, casi plateado.
-Ahámoor.- Le llamó. El aludido se giró haciendo volar sus densas telas como si estas fueran lo que realmente le daba forma, como si bajo ellas no hubiera nada. Miró al Emperador a lo cara, mientras que la oscuridad y su larga y fina cabellera violeta metálico ocultaban la suya.-He oído que has estado usurpando mi nombre. ¿Es eso cierto?
-No.
-¿Estás seguro?
-Si.
El Emperador se dispuso a marcharse altivo, pero la poderosa palabra de Ahámoor lo detuvo.
-No marches todavía. Precisamente quería preguntar algo.
-Di.
-He oído que has estado usurpando mi nombre...quisiera saber si es cierto.

Se hizo tal silencio en la espaciosa sala que se podía oír dormir a las piedras de los muros.

-Esto ha llegado demasiado lejos, Ahámoor. Ya te di demasiadas licencias al concederte el permiso para crear esas tres aberraciones que llamas tus Pupilos. Debí pararte cuando pude. Acéptalo. Yo soy el Emperador Rojo. Tu no. Te condeno al destierro.
Ahamoor esbozó una sonrisa que hizo crujir su tersa piel mientras esta se arrugaba por la mueca.
-Eres un mal soberano. Uno bueno me hubiera matado en el acto. Lo habría intentado. Pero eres patéticamente indulgente. Eres bazofia. El título que ostentas representa que eres el más fuerte de entre nosotros. Que tu fuerza protegerá a los nuestros. Pero hasta mis aprendices son más poderosos que tu. Yo soy más fuerte que ellos en cualquier caso. Soy el más fuerte de los que mora esta torre. Es por eso que seré un buen soberano. Es por eso que te mataré y tendré lo que todo el mundo reconoce a tus espaldas. Muere, falso Emperador Rojo.
Con un imperceptible movimiento Ahámoor se acuchilló el brazo. Cuando retiró la daga, la sangre de dentro de su cuerpo salió disparada en serpenteantes líneas, deshaciendo y cortando a su oponente en el acto, quedando de él solo su cetro, el cual voló a las manos de Ahámoor, Empeador Rojo sin que éste te lo pidiera.

Fin del séptimo capítulo

La semana que viene en El segundo Despertar de Kamareni: Saga del Futuro VI y final de la saga. ¿Encontrará Libra algo más importante que encontar a quien busca?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Este capítulo es de los mejores que he podido leer jamás. Puede que sea un poco relleno, pero no me importa en absoluto. Entre la intriga de qué engendro (engendra) es Marco Hécate, y todo en general de Ahamóor...

Bravo. Un aplauso sincero.

Darkaran dijo...

Marco Hécate es un ser masculino, es el Marionetista como se revela como personaje femenino. Relee las ultimas frases antes de lo asteriscos.

Gracias por los elogios, me gusta que os agrade mi relleno xD

Anónimo dijo...

Vale, he tenido un pequeño cacao mental. Aunque no me retracto en cuanto a que Marco es algo MUY extraño XD

Y una cosa más...¡la marionetista es Sasoidara, te lo he dicho! XDDDDDDDDDDD

Darkaran dijo...

Vale...en el momento en el que haga público el nombre del Marionetista ése sera su apellido xD

Anónimo dijo...

MARCO ES UN MONSTRUO DENTRO DE UN HUEVO KINDER!!!! XDDDDDDDDDD

X ciert me ha dejao KO que el de la coleta resultara ser una piva y que el tio este raro acabe con el Emperador a base de salpicaduras d sangre a presion xDDDDD