jueves, 29 de noviembre de 2007

"Sé que no debería empezar otra historia pero...." [Darkaran's cut]

Siempre he creido en la teoría de la compensación; si te pasa algo bueno, algo mao lo compensará y viceversa.

He pasado un par de malas situaciones ultimamente.

Aqui está la compensación



Mush Stelker se despertó aquella mañana junto a Laura Benson, como había hecho todos y cada uno de los días de su vida.

Que él había considerado su vida, al menos.

Cuando recobró la conciencia encontró sus cuerpos entrelazados. Como cada mañana aspiró el suave aroma de Laura, pero el aroma que aspiró fue otro distinto...o quizas fuera distinto el aire que lo llevaba, no sabría decirlo, pero le hizo sentir algo distinto un segundo.

Siguiendo su ritual costumbre miró a la chica dormida junto a él hasta que el despertador cortó repentinamente su expresión angelical y le hizo darse la vuela con un tierno gruñido.
-Buenos días -dijo Mush haciendo callar a un energético locutor que habitaba su reloj los martes por la mañana.
-Hola...-contestó Laura en medio de un bostezo mientras se incorporaba- ¿Qué tal dormiste?
-Bien. ¿Tu?
-Bien. -Laura, aún somñolienta, se abrazó a el un instante antes de que los dos salieran de la cama y dieran la rutina por comenzada de forma oficial.

Lo cierto es que Mush no podía hacer otra cosa en la cama que no fuera dormir bien; la universidad por las mañanas y el trabajo por las tardes lo dejaban exausto, pero eso no importaba a Laura que seguía amándolo y que estaba casi igual de cansada.

Ducha, desayuno un beso y salir a la calle.

El aire le golpeó en la cara y esperó que lo despejara, pero, al igual que la ducha helada, no tuvo efecto; aquella extraña sesación hormigueante seguia con el.

Era una mañana soleada. Demasiado. Y frio. Mush miró alrededor mientras el vapor se escapaba de su boca y echó a andar por una calle centrica y abarrotada cualquiera en dirección al campus.

Escurriéndose entre cientos de cuerpos, que, como el suyo, caminaban de forma automática hacia su destino, notó como el viento, arrastrando algunas notas de acordeón entre callejón y callejón, le cortaba la cara. Y esa sensación...

Paró frente a un paso de peatones, lamentando no haber cojido la bufanda. La peste de los coches y sus pitidos desbocados amenazaban con nublar sus sentidos un poco más, así que obsevó a la gente junto a él hasta que el brillante hombrecillo verde hiciera su aparición en la hacera de enfrente.

Un niño enganchado a la mano de su madre lo miraba fijamente con expectación. Mush le sonrió pero el chiquillo tan solo pudo abrir la boca un poco más.

A Mush no le gustaban especialmente los críos, pues le recordaban a su pasado en el orfanato, aquel lugar en el que formó rebaño junto con otros centenares de niños durante dieciocho años.

Miró a la madre. Él no conocía a la suya. Ni a su padre. Siempre pensó que los necesitaba, pero nunca los culpó por no estar ahí.

Nunca consideró esa etapa como parte de su vida, sino como una fase anterior, como el gusano dentro de la crisálida a la espera de convertirse en mariposa: vive, pero nadie lo considera otra cosa que no sea un elemento del paisaje.

Cuando Mush se hizo mariposa la primera persona con la que habló fue Laura, aunque nunca necesitaron hablar demasiado, pues su amor fue instantáneo, casual, fortuito, maravilloso y...y dió comienzo a la vida de Mush.

Giró la cabeza hacia el otro lado y se topó con los ojos de una anciana que también lo escrutaba extrañada. ¿Pasaba algo?

No pudo comprobarlo, pues el semáforo comenzó a pitar y él reanudó su marcha por una calle sombría.

Nada más pisar el suelo oscurecido el ormigueo se acentuó y le hizo tambalearse. Sintió como la sombra de los edificios se clavaba en su carne. No, más adentro, en su alma.

Sintió el impulso de huir de la sombra, de correr. Huyó hasta llegar a la luz, tambaleándose cegado por los restos de la falsa oscuridad. Cuando pudo abrir los ojos todos le miraban. Dió un par de pasos, desorientado sobre las ojas que crujían en el suelo...El suelo.

Entonces lo vió.

No tenía sombra.

Todo el mundo lo miraba espectante y descaradamente, como el niño, como su madre, como la anciana.

Avergonzado y asustado, corrió de nuevo entre la gente, sintiendose abandonar el mundo cada vez que sus sombras cruzaban su cuerpo. Eran demasiadas, no podía esquivarlas y él notó los jadeos de su huida, se notó marchar del mundo con cada sombra que pisaba.

Si no era morir, debía ser algo parecido.

Cayó sin control sobre el suelo, y usó sus últimas fuerzas para arrastrarse al sol, que aliviaba el peso de las sombras que le rozaban aquí y allá mientras la gente pasaba a su lado, ignorándolo, mirándole afligida en los casos más compasivos.

Una sombra mayor se cirnió sobre él. Mush escuchó su respiración entrecortada y silvante, sus pasos de serpiente.

La sombra se apartó de su piel, pero la presencia no se marchó
-¿Tu has tomado ese aire también...? ¿Has entrado también en la jaula? -La silueta carraspeó sonoramente. Mush miró a sus ojos hundidos y arrugados y suplicó ayuda. La vieja le tendió una mano envuelta en un mitón y lo levantó con una fuerza inusitada.

Se llama Marionetas del Aire.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues tiene buena pinta. Ese fenomeno de no tener sombra me recuerda a una historia que empezamos saph y yo xD

Darkaran dijo...

Thanx!