miércoles, 12 de diciembre de 2007

Clase de word+aburrimiento=

A Raúl le gusta el Rosa. Mucho.

Tal era su obsesión que un día decidió emprender un viaje espiritual en busca del rosa definitivo.

Después visitar muchas agencias de viajes encontró una

tranquila y nevada estepa del Himalaya donde retirarse a meditar.

A pesar de que sería un viaje de austeridad y religiosidad, le salió por un ojo de la cara.

Cuando sobrevolaban las blancas montañas el piloto comenzó a baliar de forma espástica. Rápidamente la fiebre discotequera se expandió por todo el aparato.

Raúl sin embargo, al ser extraordinaria mente perceptivo notó que la encolerizada danza del piloto no era otra cosa que un ataque epiléptico.

Avanzó con dificultad entre el confeti y las piñatas. Esquivó un par de azafatas, que le atacaban con sus temibles matasuegras y tomó el control de la máquina.

El miedo se apoderó de él. La pista de aterrizaje se encontraba tras dos montañas. Si pasaba

entre ellas, las alas del avión se romperían.

Tras meditarlo un instante, decidió que la vida de los pasajeros era más importante que las alas.

Tomó aire y se concentró.

Su plan fue un éxito, ya que contaba con la pérdida de las alas, pero, inexplicablemente, comenzaron a caer.

Tres días de inconsciencia después, Raúl despertó en medio de la jungla honkonesa de kukusumushu.

A su alrededor tan sólo había trozos desperdigados del fuselaje, llamas y algún que otro matasuegras quemado.

-Buenos días

Raúl se giró hacia la voz, todavía medio amodorrado y vio cómo el piloto se acercaba a él con las ropas rasgadas y una botella de champú en la mano.

-El champú no viene en botellas

-Te calles, coño.

Resultaron ser los únicos supervivientes de incidente. El piloto le contó que había sobrevivido los tres días devorando las uñas de los cadáveres y bebiendo de la botella del champú.

-¡Pero que no viene en botellas!

-¿Por qué no te callas?

Como los dos se aburrían usaron los materiales del avión para hacer una urbanización de chaletes adosados. La bautizaron con el nombre de **El paraíso de Kukusumushu**

-¡Coño, aquí hay un gato!- dijo el piloto con dulzura.

-Me llamo Cristina –alegó el gato, ofendido.

-Entonces eres una gata –concluyo Raúl

-Te calles, coño.

Tras un tenso momento de silencio, Raúl tuvo una idea.

-¿Quieres un Friskies?

-¡Que te calles hostia!- dijeron Cris y el piloto al unísono.

Resultó que Cris y el piloto se confabularon para dejar a Raúl sin amigos para siempre.

Y por fin, Raúl pudo iniciar su meditación trascendental en busca del rosa definitivo, mientras Cris y el piloto iniciaban un torrido y zoofilico romance.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Absurdo y destroza-retinas, felicidades, te has ganado una bonita papeleta para que te mate XDDDDDDDDDD