Infinito dormía plácidamente aquella noche. Manirel no.
Todas las horas que Manirel vivía, lo hacía al serivicio de Infinito.
Esa noche también, por supuesto. Parecía dormir, apoyado sobre el quicio de la ventana, pero sólo cerraba los ojos para poder oír mejor.
Buscaba la voz de Libra o de la niña. Si Infinito quería esa espada él tendria que buscarla mientras el mostruo buscaba la otra.
Hasta el amanecer no oyó nada, pero entonces la voy de Libra se filtró por sus oidos élficos.
Se tomó un instante para localizar el eco. Sorprendentemente se alojaban cerca. Demasiado.
Sin pensarlo un instante, se lanzó como un enorme cuervo por la ventana.
Los elfos nunca fueron la raza más fuerte.
Sus músculos y huesos eran débiles. Sus pieles, siempre pálidas y demacradas y su cabello, crespo y oscuros los convertía en sombras de sí mismos.
Pero a pesar de su poca fuerza y peso, los elfos siempre tuvieron ventajas suficientes como para ser temidos por cualquiera.
Eran capaces de moverse más rápido que cualquier otro ser. La velocidad de sus movimientos les confería la fuerza que, por naturaleza, no poseían.
No era la única forma de engañar al ojo que poseían; en la su puervertad era corriente ver a un elfo sin brazos, torso o cabeza. Era el cambió más importante que sucedía durante esta etapa de su vida: el lento camino hasta la perfecta invisibilidad de los elfos adultos.
Haciendo uso de esta habilidad, Manirel se convirtió en un imperceptible rayo negro que cruzaba las calles tán rápido que ni el aire a su alrededor era capaz de reaccionar a su paso.
Libra, con sus Ojo, si lo era.
En ese momento estaba sentado sobre la cama, recien despertado. Con la boca pastosa reprimía a Sárate por no dejarle dormir.
La niña, resentida por tener que haber dormido en el suelo ('¡Pero si soy la Joven Espada de Jassarimp!') había madrugado y habierto las ventanas de la habitación en la que se halojaban para irritar a Libra.
Sárate aún estaba agarrada a la contraventana mientras exponía su argumentación -basada en su gran prestigio como asesina a sueldo- cuando algo irrumpió en la habitación con gran fuerza por el vano. La niña gritó, asustada.
No era capaz de ver que había sido aquello. Por un momento ensó que había sido un gran viento que había entrado por la ventana y trató de incorporarse, pero un ruido metálico sobre su cabeza se lo impidió.
-Manirel.
-¿Ahora conoces mi nombre? Qué triste que una niña sea la que tenga que ampliar tu cultura, Libra.
-Cállate. Esta será nuestra última batalla. Qué amable por tu pate venir a morir.
-Me juego una puñalada a que no. -Manirel hizo una pausa mientras aquel sonido aún tintineaba sobre la cabeza de Sárate- Y no es por ti por quein he venido. Tu solo eres un juguete para mi. He venido por ella.
Sárate levantó la cabeza y vió a Libra aguantar con una de sus ballestas el ataque de un puñal que se cernía sobre su propia cabeza.
¿Pero por qué nadie sujetaba el puñal?
Sárate recordó. Manirel, el elfo. El único elfo de Zodikall, estba en su habitación intentando matarla, mientras Libra Ojos de Araña la protejía antes de que ella tuviera la oportunidad de enfrentarse al monstruo más poderoso de la última década. ¡Era un sueño maravilloso lleno de guerrero célebres, a los que dentro de poco su uniría en condición de heroína!
Sus fantasías se rompieron en pedazos cuando un nuevo estruendo se cirnió sobre ella, más bajo.
Cuando volvió a abrir los ojos el puñal había ido por el otro lado esta vez. Pero no eran las habilidades de Manirel las que sorprendían a Sárate. Libra había conseguido, de alguna manera, anticiparse al golpe del elfo otra vez. Ciertamente, la capacidad de Libra para prever golpes enemigos era asombrosa.
No menos impactante era la forma en la que Libra había detenído este segundo golpe.
-¿Con el dedo...?- Manirel tampoco se lo esperaba.
-Mira bien este corte de mangas, elfito de mierda, porque será lo último.
Libra movió el brazo rápidamente y un golpe biscoso y seco preceddió a la imagen de Manirel, tumbado en el suelo de la habitación contraido y con el rostro ensangrentado, como el dedo de Libra.
-Por Poco. Bueno, ahora los dos tenemos solo un ojo. Definitivamente salgo ganando.
La respiración de Manirel estaba entrecortada. Claramente había perdido la concentración, pues Sárate era capaz de verlo ahora.
Nunca habría inmaginado a los elfos asi. Esmirriado, todo vestido de negro y tan demacrado, no era una vision especialmente espectacular. Se sintió levemente decepcionada mientras trataba de incorporarse y alcanzar el bulto con la Espada de Jassarimp.
Pero ¿cómo podía Libra haber hecho todo eso en un instante? ¿Y por qué con su dedo?
Entonces se acordó de aquella extraña espada que guardaba Libra en su dedo. Debía ser que esa espada encantada -y superior a la suya- confería ese poder a su dedo.
Sárate se sintió ridícula al pensar que había podido ganar a Libra en combate.
Le miró, impresionada. Cuando se fijó en su cara quedo, sin embargo, más inquieta todavía; el ojo negro se había vuelto de este color por completo, e incluso algunas venas alrededor del párpado se habían teñido de este color.
Manirel se arrodilló frente a Libra, con la mano y un rictus de dolor en el rostro. Cuando Libra fue a darle el golpe final, desapareció como había llegado.
No se había vuelto invisible, porque Libra no había seguido atacando aunque Sárate no viera a Manirel por ninguna parte.
-Ahora que puedo usar todas mis cartas contra él es todo más divertido, ¿No te parece, niña?
Sárate contuvo los elogios en la punta de la lengua y decidió actuar como la heroina cazademonios que era.
-Me da igual. Lo unico que quiero es matar a Infinito con mi Espada. Acaba rápido con Manirel para que pueda hacerlo. Es lo único que me importa.
-¿No estás un poco creidita con lo de llevar una espada mágica de segunda verdad?
El elfo estaba demasiado mareado como para poder frenar su aterrizaje en la habitación de Infinito y no lo hizo, callendo con pesadamente sobre en escritorio al fondo de la alcohoba y haciéndolo añicos.
Infinito dió un respingo en la cama y se dirigió hacia él a toda prisa.
-Manirel...¿Qué ha ocurrido...?
-No...usted...Libra...
Infinito ayudó a su lacayo a incorporarse y dejó que tomara aire un momento antes que de posar su mirada inquisidora sobre él.
Manirel estaba tan dolorido y mareadoa que no sabía cómo habia hecho para volver a la habitación desde la posada de Libra a velocidad normal. Aunque apenas podía hablar, la presencia de Infinito era lo suficientemente imponente como para temerlo más que al dolor.
-Ha estado...jugando conmigo todo este tiempo...no sé por qué no lo ha hecho antes pero...me abatió de dos golpes desarmado...si no lo llego a esquivar...me parte...cabeza...-Manirel gimió- Mi ojo...
-No te preocupes, con o sin ojos siempre serás mi fiel y preferido súbdito. No te dejaré morir. Conduceme hasta ellos. Yo consumaré la venganza en persona.
-No..por favor...le ruego que me deje hacerlo yo...y si muero, al menos sé que usted lo matará después...déjeme intentar...-Infinito le cortó en seco.
-Está bien. Yo me ocuparé de la niña. No durará un instante. Si algo va mal y mueres, también vengaré al otro.
-Gra...
-Cállate.
Tres días más tarde Sárate todavía no había conseguido quitar la sangre seca del elfo de la habitación. La detestaba. Eso y matar gente. Salvo cuando la mataba, evidentemente.
A Libra no parecía importarle, aunque él no tenía que dormir en el suelo junto a ella, claro.
Decidió dejarla ahí. Total, si no sa había ido antes no se iría ahora.
Tiró el paño a algún ricón y se unió a Libra qué miraba por la ventana con el ojo malo guiñado.
-¿Los ves por algún lado?
Libra no parecía haberla oído, de puro concentrado que estaba. Sárate puso morritos un instante, y, enfada, le repitió la pregunta a gritos, haciéndole reaccionar.
-¡Puta niña! ¿Qué pasa?
-Qué si les ves.
-No. No les estoy buscando.
-¿Qué haces, entonces?
Libra no parecía oírla de nuevo. Se incorporó sobre el alféizar y, dirigiéndose a alguien que pasaba por abajo, gritó.
-¡GUAPA!-Sárate trató de ocultar la vegüenza ajena que sentía con la mano, pero no se fue-¡SUBE, QUE TENGO UN REGALO PARA TI!
-¿Cómo puedes ser tan...tan...paleto?
Eso sí lo había oido.
-Tú te callas, que no tienes tetas.
Cuando Libra se giró de nuevo hacia su eventual ligue la vió echar a correr.
-¡Pero si no te decía a ti...!
Un momento. No era la única que corría.
Todos los transeuntes se alejaban unos corriendo, otros a paso rápido, de dos figuras que cruzaban la vía. La mas pequeña caminaba con majestuosidad, cubierta por completo por una larga capa negra con capucha, que desprendía un aura de determinación, poder y sobriedad impresionante. La segunda, alta, esmirriada, tambien imbuida en un traje de cuero negro era un joven de oscuros cabellos. Tenía media cara bendada y la que no lo estaba, parecía muerta de pálida que estaba.
Infinito y Manirel.
Aun bajo su forma humanoide, Infnito imponía el terror sólo con su presencia. Mánirel era, simplemente, una visión repulsiva.
¿Pensaban arreglarlo todo ahí, así, por las buenas?
-Sárate. Vienen hacia aquí -La niña se quitó las manos de la cara y miró.
-¿Es él? ¿El de la capa?
-Si. Vamos, baja.
Un instante más tarde ambos estaban esperando en la puerta de la posada. Libra llebava sus ballesta y a Nihil en el dedo. Sárate llebava, como siempre la Espada en el bulto, a su espalda.
A ella se le hicieron eternos los instantes que tardaron las dos perturbadoras figuras en llegar hasta ellos. ¿Miedo? Quizás. ¿Impaciencia? También. Fuera lo que fuera, la hacía temblar.
A Libra también se le hacía raro. Parecía que se iban a reunir para hablar y no para matarse. Y con esos dos delante, añoraba no estar apuntándoles con las ballestas.
Finalmente llegaron a su altura. Ninguno de ellos dijo nada pero todos notaron en sus propias carnes las intenciones de Infinito, y las entendieron.
-Hemos venido a solucionar esto de una vez. Podríais ser molestos para mi intención de hacer mía esta ciudad. Queremos matarte, Libra. Yo quiero tu Espada, niña. Acabemos con esto. Pero no aquí.
Libra y Sárate quedaron paralizados. ¿Cómo podía infinito comunicarse sin hablar? No tuvieron momento para pensarlo, pues sus rivales echaron a andar y ellos tuvieron que seguirle por las calles, ya vacías.
Se alejaron de Ramordos mucho más de lo que Libra esperaba. Cuando pararon de caminar, ya había anochecido.
Infinito volvió a pronunciarse en silencio.
-Libra y Manirel. Luchad. Después lo haremos la niña y yo.
-Y yo con ella -respondió en voz alta Libra, sin quitar la vista de encima al elfo
Infinito pareció reir bajo las pesadas vestiduras que le cubrían el rostro, o lo que tuviera bajo aquella forma y comenzó a alejarse.
Justo en ese momento Libra vió como Mánirel se preparaba para ablanzarse sobre él.
Era capaz de ver donde acabarían sus movimientos. Usando su poder libremente, sin reservas como desde que encontró a Sárate, sería pan comido.
Y lo fué.
Le esquivó con facilidad y detuvo su daga materializando una espada en su mano gracias al Ojo. Antes de que el elfo pudiera reaccionar, materializó otra cuchilla en la mano libre y le cortó la suya a Manirel, que retrocedió aullando de dolor.
Desarmado y mutilado, se giró hacia el monstuo bajo la capa, con los ojos rebosando súplica, pero Infinito no hizo nada.
Libra tiró de su dedo y desenfundó su mitad de Nihil. Sin ningún miramiento, atravesó el corazón del elfo, que no dejó de mirar al monstruo al que servía, aunque sus ojos se llenaran de lágrimas, incluso bajo las vendas de su cara.
Sárate, que había permanecido junto a Infinito todo ese tiempo pudo sentir en el aire cómo se emocionaba cuando vió como Libra materializaba las espadas de la nada.
Pero cuando desenfundó a Nihil lo oyó contener la respiración. Sárate lo miró. Notó como el aura que desprendía Infinito se detenía por un momento, para volver segundos más tarde con más intensidad que nunca.
Entonces, asustada, Sárate no pudo más y echó a correr, llorando de miedo.
-Así que la tienes tú...-Infinito habló de viva voz a Libra por primera vez.- yo aquí, perdiendo el tiempo en perseguir a tu hermano...y tengo la suerte de que Nihil la tienes tu...Y yo que pensaba que lo hacías para protegerle. Me siento tan feliz de haberte encontrado...- Infinto suspiró con alivio- Tu vida termina aquí.
Antes de que Libra pudiera hacer nada miles de puntegaudas hojas metáticas unidas entre sí por una especie de telañara afilada salienron de debajo de la capa de aquel ser. Libra no podía prever ese tipo de movimientos. Nadie podría esquivar un golpe así.
Nadie.
Savo Manirel.
Antes de que nadie pudiera darse cuenta de lo que estaba pasando el flaco cuerpo del elfo se interfuso entre Infinito y Libra e incó sus pies en el suelo, frenando el ataque con las últimas fuerzas de su cuerpo moribundo. En su último aliento, se dirigió a Infinito.
-Usted...Tu...solo eres un monstruo...un marionetista que...que...juega con las vidas de los demás. Lo habías planeado todo...la querías a ella y por eso yo debía morir...fui tu inico súbdito y me has sacrificado...Ella solo te acompañará para vengarme...pero nunca será...lo que yo.-Giró su cabeza mientras aquellas extrañas lanzas se hundían en su carne con un crujido- Libra...gracias por ser tú quien me mate...un honor...no podré aguantar mucho más...has sido mi mejor rival...he estado en el lado equivocado...por eso...ahora...
¡CORRE ANTES DE QUE ME ATRAVIESE!
Fin del décimo capítulo.
La semana que viene en El segundo Despertar de Kamareni: De ojo cazador a ojo vigilante.
¿Por qué salva Manirel a Libra? ¿A quién le importa? ¡En el próximo episodio desvelamos a quien buscan Libra e Infinito! Nuevas luces sobre el poder de los Doce y puede que Sárate tenga algo que decirnos.
En otro orden de cosas, no se que hacer para festejar el nuevo año en ESDK. Puede que haga algún dibujo, pero tengo que pensarlo todavía.

2 comentarios:
Grandísimo capítulo, por 3 cosas:
1)-Mira bien este corte de mangas, elfito de mierda, porque será lo último.
2) Lo de la ventana, todo el trozo XDDDDDDDD
3)Infinito. Sin más.
Sigue así, por favor.
Infinito es mi favorito y la razon por la que escribo la historia. Me alegro que te guste.
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