Capítulo XII: Los senderos del Monstruo.
Segundo capítulo con cameo (bastante costoso, por cierto). Lo mas gracioso es que el cameado en cuestio lee el blog pero no ESDK. Espero que os guste.
A simple vista, aquel sendero no era muy distinto de todos aquellos que Libra había recorrido en los últimos meses.
No parecía especial, y Libra no caminaba por él como si lo fuera, trotando por la tierra que las pisadas habían matado.
Sin embargo, la forma de recorrerlo era completamente distinta, pues, por primera vez, no era perseguidor, sino fugitivo.
Siempre que había emprendido batalla contra el monstruo -a pesar de que Sárate insistiera en que no era así, Libra consideraba a Infinito como tal- nunca había visto sus habilidades tan de cerca como el día en que Mánirel libró su última lucha.
Era precisamente culpa del elfo que esto hubiera sucedido, pues la misión de éste era mantener alejados a los cazadores poderosos, mientras Infinito realizaba su trabajo, fuera cual fuese.
Pero, ahora había catado la fuerza y presencia de aquel ser, y no se veía capaz de enfrentarse a él.
Ya había visto su cuerpo aberrante, pero no le resultó impactante en exceso. Entraba dentro de la incompresible anatomía montruosa que podía anticipar. Pero no era eso lo que le hacía dudar. Era el olor, no, el aura que desprendía aquello bajo su capucha. Una sensación que distorsionaba los sentidos, que, en cierto modo, hacía actuar a la presa como un enamorado indeciso, admirando la grandeza y belleza de quien tiene delante, pero incapaz de enfrentarse a él, o, según Sárate, a ella.
La niña marchaba un poco más retrasada, siguiendo a Libra por fuera del camino, donde crecía la vegetación que trepaba y se enredaba por las paredes de roca lo bordeaban,algunas alzándose hacia el anochecer y haciendo chascar las ramas y las hojas bajo la suela de sus botitas de viaje, mezclándose los sonidos del caminar con la profunda respiración de la chica, hasta que, súbitamente, se pararon y Libra se giró hacia ella.
-No puedo más...
-Muchas chicas me han dicho eso. Vamos.
-No. Hablo en serio. Escuchame. Sabes que puedo cortarte la cabeza si sequimos caminado.-Libra resopló un instante antes de guardar sielncio, pero Sárate no dijo nada, aunque hizo el amago. No tenía nada más que añadir sobre su agotamiento y se sintió ridícula. Alzó la cabeza en un gesto altanero y se sentó sobre un tocón cercano mientras su compañero la respondía.
-Estamos a una hora del próximo pueblo, niña. Nos alojaremos ahí esta noche y alquilaremos un caballo si quieres.
Las estrellas ya les iluminaban cuando las primeras casas aparecieron a su alrededor. No había ninguna posada propiamente dicha en aquella pequeña localidad, asi que tuvieron que recurrir a la amabilidad de las gentes del lugar, que dispusieron un granero para ellos.
Sárate se encontraba bastante contrariada.
-La Joven Espada de Jassarimp no duerme en un vulgar granero. Es penoso.
-No, lo que es una pena es tener un granero libre y tener que dormir contigo.
No solo ésto preocupaba a la niña. Libra estaba encantado con el trato de las gentes del lugar, insistía en pagarles, pero Sárate se negó. Para ella encontrar una montura era lo prioritario, y eso no sería posible sin el dinero suficiente.
Finalmente la solución vino de la mano de uno de los pueblerinos: el pago se realizaría con las historias que Libra contaría sobre las aventuras de su padre a sus anfitriones, a lo que Sárate no tuvo nada que oponer, hasta que se la pidió que ella hablara.
-No..yo estoy cansada y no tengo nada que contar.
-¡Joven Espada! ¡Por favor! -rogó uno de los ancianos que les daban alojo. La chica suspiró.
-¿Qué os puedo contar?
-Háblanos de tu espada, háblanos de la tierra de Jassarimp.-comentó otro, sentado más al fondo.
-Yo..yo nunca he estado en Jassarimp -contestó ella enrogeciéndose- mi espada es de allí, pero yo no.
-¿Y cómo llegó hasta usted?
-Vino con los elfos que llegaron aquí, a Zodikall, desde Jassarimp.
Un poqueño revuelo recorrió la sala.
-¿Hay elfos en Zodikall?
-¿Cuando llegaron?
-Eso es mentira...
Libra los acalló tomando la palabra,
-La niña no miente, yo mismo me batí en duelo con uno de ellos en multitud de ocasiones. No conozco los detalles, pero ella sí.
-Cuando yo debía tener cinco años o así ellos ya estaban aquí.
-¿Y fueron ellos quienes te dieron el arma?
-Ayudé a uno de ellos y me recompensaron por ello.- Libra la interrumpió un instante.
-Un momento ¿No dijiste que sólo llegaron dos Elfos a este continen? ¿Manirel te dió la Espada?
-No, fue el otro elfo quien lo hizo.
Sárate se retiró entonces alegandocansancio, aunque realmente no quería hablar. La muerte de Manirel, su mera aparición ya había sido sorprendente. Pero el verlo morir había sido una gran contrariedad para ella, y la hizo sentir como si un gran esfuerzo hubiera sido en vano, aunque no fuera suyo.
Despertaron tarde a la mañana siguiente y eso molestó a Libra, pues no debían permanecer mucho tiempo en un mismo lugar, pues ponían en peligro a los habitantes del pueblo si Infinito aparecía para recuerar a Nihil, por lo que decidieron hacerse con un caballo cuanto antes.
Encontraron una única cuadra en las afueras y entraron sin dudar. Dentro se encontraba un tipo de aspecto amable, algo más bajo que Libra. Al igual que él tenía rasgos aungulosos, pero su cabello, liso y más oscuro y sus ojos, menos sobrenaturales y más profundos los hacían muy diferentes.
Salía de la cuadra con un martillo en la mano, moviéndose despreocupadamente. Cuando griró la cabeza para mirarlos el tono de sus ojos se aclaró un instante mientras la luz los tocaba.
-Hola -Saludó Libra mientras el otro se acercaba.
-Bu -Respondió él, apuntando a Libra con el mango del martillo mientras lo agarraba por la cabecera- Hola. ¿Qué queréis?
-Buscamos una montura.
-Aqui tenemos de eso.
-Ya se.
-Ah.
Tras un breve silencio Sárate intentó hacer uso de su reputación como mercenaria para conseguir un buen trato, pero el muchacho se limitó a negarse mientras se encogía de hombros y les hacía pasar hacia donde se encontraban los animales.
La niña, humillada al sentirse ignorada lo miró con rabia, siendo entonces cuando se fijó en el dragón tatuado que el mozo lucía en uno de sus brazos. No recordaba que fuera ninguna insignia en concreto, pero sólo algunos guerreros eran condecorados con tatuajes en algunas culturas. Miró fugazmente a Libra, que también la ignoraba. No parecía haberse dado cuenta.
El chico les mostró varias monturas, pero Libra se encaprichó de una enorme yegua negra de aspecto amable.
-¿Cómo se llama?-preguntó Libra
-Volador. Tiene aficiones aereas.
-¿Una yegua?
-Si - respondió entre risas mientra se mechaba los cabellos con la mano.
Tras el pago y una rápida despedida montaron en dirección a la lejanía.
-¿A dónde vamos?
-Al Reino de Vuugam. Seguir rondando los protectotados de Ramordos no es seguro y ése es un reino fuerte en el que Infinito no podrá encontrarnos.
-Hemos fallado.
-Yo no. Salvé a mi hermano de morir. Cuando hayamos despistado a Infinito podre buscarle. Pero ahora no.
-He fallado.
-No me extrana.
Capítulo XIII: El mar antes del monstruo
Infinito se sentía ridícula y sucia arrastrando el cadaver de Manirel junto a ella. No entraba en sus planes que él muriera tan pronto, pero era lo necesario para obtener aquel soldado, el que comandaría sus ejércitos cuando ella se alzara con el trono que la pertenecía.
Sabía perfectamente donde encontrarlo, y tras un mes de irritante transporte del cuerpo momificado del elfo. Antes incluso de que llegara frente a la puerta de la casa donde se alojaba, el olor del cadaver lo trajo hasta su presencia.
-Quién eres tu y qué haces con lo que huele como si mi hermano hubiera muerto.
-Yo Soy para quien trabajaba Manirel. Libra, de los Doce Herederos lo ha matado. Vengo a otorgarle junto a ti un funeral digo, y sin separarnos, buscar la venganza que nos es justa, Manirelle.
La elfa parecio percatarse entonces de la imponente presencia de infinito y se mostró duvitativa un instante y, desmoronándose junto al cadaver, rompió a llorar.
-Hermano...
-Estrella Negra, alumbra con la luz de la muerte a quellos que cortaron una vida que podría haber durado para siempre.
Cuando Manirelle se recompuso, dijo que asi seria.
Y así fue como Infinito unió a su causa la segunda asesina más mortítera del continente de Zodikall.
...Y esta es la historia del surgimiento de la cuarta...
Sárate caminaba por la playa envuelta en sus harapos. Eran Suyos. Siempre estuvieron con ella desde que el cuerpo de Mamá terminó de secarse.
Era una mañana cálida y la noche había había sido amable con ella, que había disfrutado de su compañía al raso, como siempre.
Pero había algo infrecuente en aquella arena mojada.
Una chica, de lacios cabellos negros y tez pálida avanzaba a trompicones por la playa con un saco con un interrior chirriante. Era una figura oscura, esquelética, empapada coronada por la expresion del pánico.
-¡Hermano!¡Hermano!
La pequeña Sárate se acercó a ella tras un instante. Quizás tuviera algo de comer.
Manirelle se encontró frente a ella a una niña de unos cuatro años con la mano extendida, pero la ignoró. ¿Donde estaba Manirel? ¿Habria sobrevivido al naufragio? No quería ni pensarlo...
Y toda esa sal...estaba tan empapada que no podia oler a su hermano, tenia la nariz llena de ese desagrable polvo del mar. Ya no recordaba cómo olian los elfos.
Y todo aquello por escapar de Padre...pero eso, o la muerte, siempre sería mejor que lo que Padre pudiera hacerle.
-¿Buscas a tu hermanito?
La elfa la miró por primera vez.
-¿Has visto a un chico que se parezca a mi por aqui?
-No. Pero te puedo ayudar si me das algo de comer...
Manirelle la interrumpió agarrando su mano extendida. Le resultaba tan familiar...algo en aquella niña...Pegó la nariz la tersa pero sucia piel de la niña.
-Hueles a Alado...
-¿Qué es eso?
-¿Cómo te llamas?
-Sárate.
-Yo soy Manirelle. ¿Quiere ayudarme a encontrar a mi hermano...?
-¿Tienes comida...?
-Tengo algo mejor.
Rebuscó un instante el el enorme saco que arrastraba con ella y le mostró a la niña una preciosa espada, transparente como el cristal, que reflejaba un arcoirirs que nunca se vió tan claro
Fin de los capítulos XII y XIII
La semana que viene en El segundo Despertar de Kamareni: El pecado antes del monstruo.
Continuamos caminando las sendas del pasado junto a la pequeña Sárate y Manirelle, la Estrella Negra.
jueves, 21 de febrero de 2008
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3 comentarios:
El primero mejor que el segundo, aunque nunca está de más conocer el pasado de personajes. A destacar el bizarro encuentro con el de la cuadra (o.0) y el trato de Libra con Sárate ("Muchas chicas me han dicho eso" XDDDDDDDDDDDDD)
Amaras el episodio XIII y XIV cuando llege la saga de Ahamoor, pues esperan sorpesillas...
Wiiiiii, Ahamoor again ^^
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