Nueva sesión doble. Yeah. Os aviso de que el cap. XIV es un poco duro , pero lo que sucede forma parte del personaje, y ahora podréis entenderlo mucho mejor. Por otro lado, con él finalizamos la Saga del monstruo. Antes de nada, decir que Infinito continúa apareciendo en la historia (¡vaya que si!), pero la percepcion sobre este personaje cambia, pues como ya sabéis, no es realmente un monstruo y desde este momento no se le trata como tal. Además quiero remarcar algo que quizás no hayáis notado. Tras alquilar una montura Libra y Sárate parten hacia el reino de Vuugam, hecho que acaece pocos días tras la muerte de Manirel. Sin embargo, Manirelle, su hermana, se une a Infinito dos meses más tarde, el tiempo que tarda en encontrarla. La nueva saga se centra en lo que les ocurre a Libra y Sárate en esos dos meses que Infinito tarda en llevar a cabo su plan de reclutar a Manirelle, para lo que era necesairio la muerte de Manirel a manos de un tercero. Como ya digo, esto no supone información nueva, ya que está en los dos capítulos que preceden a estos, es simplemente que quizás la forma de implementar el flashback sobre el pasado común de Sárate y Manirelle fue un poco torpe por mi parte y temiendo confusiones, he querido aclararlo. Espero que os gusten.
...aunque lamentablemente aún estamos sacando las piezas de la caja...
Capítulo XIV: Fraternidad y odio antes que el monstruo.
El tiempo que estuvieron juntas, Sárate y Manirelle vivieron vagando, escondiéndose del mundo exterior. La primera, porque esa había sido siempre su vida, pobre, rodeada de un aura sobrecogedora, repulsiva, sobrenatural, desde que perdió a su madre. La segunda, por su condición de elfa en un continente en el que eran poco más que leyendas mitológicas de lejanas y desconocidas tierras.
Había dos razones por las que la pequeña acompañaba a Manirelle; en primer lugar, quería aquella espada que ella le mostró en la playa ¡Era tan bonita! cuando la luz del sol la atravesaba, Sárate pudo ver el arco iris más claro y largo que hubo jamás. Empezaba en la oja del arma, donde los rayos se acariciaban unos a otros, pero ¿Dónde terminaría? Sárate ya había hecho planes para cuando la tuviera: la pondría frente al sol y dirigiría sus rayos contra el suelo para atraer hasta sí el caldero llebosante de monedas que había al final del arco iris. ¡Sus problemas terminarían para siempre!.
En segundo lugar, Mánirelle le recordaba a su madre. Y aunque no lo hubiera hecho, tener una compañía era razón suficiente, pues la locura de la soledad es mayor bajo las estrellas.
Cada vez que la miraba, veía una parte de la decadencia de su madre antes de morir, con aquella piel pálida, aquellas ojeras en torno aquellos ojos profundos, negros, hundidos y esa larga y lacia cabellera oscura como la más negra de las pesadillas.
Manirelle no era tan romántica. Un nuevo mundo se abría ante ella, uno en el que era rara, rechazada, temida. Solo alguien inocente, deseperado o ambas cosas le ofrecería su ayuda. Y habia encontrado ese alguien. Aquella niña...¿Era humana? No estaba del todo segura. Ciertamente, olía a Alado, pero, evidentemente no lo era. Aún así, había señales de que detectaba Seres Superiores de la misma forma en que lo hacían los Alados. Ella también lo había notado.
-¿Por qué desde que estoy contigo tengo todo el pelo para arriba?
-Es porque soy...tan especial que te pongo los pelos de punta.
-Es incómodo. No quiero que pase.
A Manirelle tampoco le venía nada bien la situación; de hecho arruinaba todos sus planes para encontrar a su hermano.
-Ven. Lo arreglaré. -dijo ella mientras rebuscaba en aquel saco que llevaba a todas partes. La niña se acercó y la elfa sacó una pequeña cuchilla. Sárate se negó antes de que Manirelle dijera nada, pero no fue necesario; ya sabía cómo eran los niños.
Tomó la hoja y se rasgó el dedo con ella, una pequeña hendidura roja que se deslizó hasta que la gota de sangre se extiguió en la palma. Sonrió, como si aquello le produjera un gran alivio.
-Si haces un pequeño corte justo donde yo lo he hecho es muy posible que muchas enfremedades que tengas desaparezcan, o que no enfermes en mucho tiempo. Seguro que tu pelo vuelve a la normalidad si me dejas hacértelo. La sangre de elfo es curativa también -mintió ella- si quieres podemos añadirla también.
Tras un momento de duda, Sárate asintió, y tras cortarla, unieron sus dedos sangrantes. Inmadiatamente, la raíz y las puntas de sus desatendidos cabellos bajaron, y quedaron como siempre habían estado.
-¡Que lista eres! -la niña rebosaba admiración.
En realidad era muy simple, o al menos eso le parecía a Manirelle. Básicamente, los Seres Superiores -Alados, monstruos, lobos, elfos...- eran capaces de detectar la presencia mútua, como los animales. Cada uno lo notaba de forma distinta: los elfos, por ejemplo, cambiaban su color de ojos caraceterístico, el negro, por un rojo inteso. Los alados erizaban sus cabellos. Era entonces cuando las particularidades de cada raza se descubrían; los elfos, con más sentimiento de manada que los, descubrían la proximidad de enemigo mirándose unos a otros, mientras que los Alados, que volaban solitarios podían valerse de sí mismos para esta tarea.
Aunque la niña no fuera un Alado, tenía algo que la acercaba a ellos: debía de ser una especie de híbrido, pues tenía forma humana, pero mantenía cualidades de esta especie, como la detección.
Al haber mezclado su sangre con la de Sárate, Manirelle esperaba reducir el rechazo que su sistema de alerta tenía ante ella, puediendose valer aún de él para encontrar a Manirel, pues el suyo no le servía pues no avisaba de la presencia de alguien de la misma especie.
Eran detalles que venían de un lejano pasado en el que humanos, elfos y el resto de razas eran aún seres salvajes e incivilizados, animales para los demás y animales entre ellos.
Era esa la razón por la que Manirelle no soltaba el brazo de la chiquilla en ningún momento, pues asi notaría enseguida cuando estos cambiaran. A Sárate le agradaba el gesto, pues no entendía el gesto más alla del aprecio.
-¿Que pasó con tus padres? -preguntó Manirelle durante una de sus caminatas hacia ningún sitio.
-No conozco a mi padre. Mi madre se quedo quieta como un árbol.-Marirelle creyó que entendía lo que la niña quería decirle- ¿Y tu hermano? ¿Por qué habéis venido desde tan lejos, por el mar?
-Mi padre era...-miró al cielo mientras hacía una pequeña pausa, como si buscara algo en concreto, pero, súbitamente, bajo la cabeza, consternada sin motivo aparente- muy malo y huímos de él.
-¿Y desde donde has venido? ¿a dónde da el mar?
-Vengo de la tierra de Jassarimp. Esta muy lejos de aquí.
-¿Cómo es Jassarimp? ¡Cuentame cosas de tu sitio!
Así pasaban los días, hablando de sus hogares de como era su vida.
-¿En que es distinto un hombre de un elfo?
-Los elfos somos más rapidos y solo tenemos el pelo negro. Podemos hacernos invisibles pero solo si no tenemos ninguna herida. Somos más fragiles tambien.
Un día Sárate empezó a reaccionar. Comenzaron a seguir un camino que solo estaba marcado por la corriente estática del instinto animal.
Llegaron a una explanada, donde distintos carromatos y caravanas se preparaban para afrontar la fría noche. Los rayos del crepúsculo sobre la tela de las carpas y carretas hacía que el blanco y rojo se acentuaran, como si aquella pradera estuviera salpicada de manchas de sangre.
Era un circo ambulante.
Manirelle se quedó entre los árboles mientras pedía a Sárate que encontrara a Manirel. Salir estando tan débil cuando aún había luz era peligroso, siendo tan reconocible era un error.
La chiquilla caminó entre las carpas con precaución pero con naturalidad, fijándose en el brazo, viendo como notaba el pelo más encrespado a cada paso que daba.
Cuando su melena empezó a comportarse como si estuviera bajo el agua supo que había llegado. Miró y vio a un hombre de oscuros cabellos y ojos como pozos. No tenía buen aspecto. Bueno, su hermana no lo tenía, asi que pensó que en la familia debían ser todos así y volvió junto a la elfa.
-Esta en una jaula. Con llave.
-Consiguela. Busca un carromato que sea más ampuloso de todos y busca ahí.
-¿Amposo?
-Busca uno muy decorado.
-Todos son...
-Busca uno dorado. O marcado con un símbolo. ¡vamos!
-Pero...-La expresión de Manirelle cambió completamente y miró a la niña de una forma tal que cualquiera que lo hubiera sufrido se hubiera quedado sin habla.
-Hazlo o te mato.
Si no se hubiera dado la vuelta y marchado en dirección al campaento nada podie podría decir que eso pudiera haber pasado en ese instante.
Lloriqueando de miedo, Sárate se alejó a trompicones de los árboles donde Manrelle se mantenía oculta.
Hipando y sorbiendo, la niña se internó de nuevo entre las carpas, mientras los vivos colores de las telas se difuminaban entre las lágrimas de sus ojos y la proximidad de la noche.
El miedo le hizo perder el cuidado; ¿Cómo la mataría Manirelle? ¿Qué haría ella para evitarlo?¿Qué símbolo debía buscar? No entendía nada, solo que moriría si no abría la jalula donde aquel hombre estaba encerrado.
Gimiendo como un animalillo torturado se sentó, casi abalanzándose sobre la tierra, abrazando sus rodillas como si pudieran protegerla de una muerte que no sabía evitar.
Si hubiera estado más atenta hubiera oído el chirriar seguido de un golpe seco y unos pasos que se pararon frente a ella.
-¿Quien eres tu..?¿Qué haces aquí?
Alzó la mirada y vió a un hombre alto y gordete, que le hablaba con desde su boca caida, en su cara redondeada.
La niña no respondió, pues seguía sollozando, así que el hombre decidió evitar las preguntas complicadas.
-¿Te has escapado?-ella berreó afirmativamente.
-Vaya...que triste pareces...ven aquí...-El hombre la achuchó suavemente-Quieres pasar a mi carromato? Se está haciendo de noche y en medio del campo hay hombres tan malos que ni siguiera oculta entre las carpas estarás segura -Sárate pensó en Manirelle y se dejó coger en brazos por el hombre, que la llevó al interior de un carromato con un toro dorado en la puerta, aunque ella no lo vió.
La estancia era reducida, pero acogedora, como una casa en miniatura, con su cama, escritorio, ventana e incluso una agradable alfombra.
La luna ya estaba alta cuando Sárate se calmó, tras una taza de leche que el hombre le sirvió de un cubo bajo el escritorio, ella decidió contarle lo que ocurría. Aquel hombre parecía bueno y fuerte: la había estado consolando todo el tiempo, apartando el pelo de su rostro , aderido a él por las lágrimas. Además parecía importanete, pues llevaba un manojo de llaves colgadas del cinturón que tintineaban a cada paso que daban, diciendo con su voz baja y aguda que aquel hombre podía abrir las puertas que se le antojaran.
Pero el hombre no la dejó.
-¿Qué edad tienes?-Sárate no entendío la pregunta.-¿Cuantos años...?-Sárate nunca supo qué edad tenía pero el hombre la calculó unos siete años.
-¿Quieres quedarte aquí un tiempo?
-...Si...
-Pero no puedo dejarte estar aquí sin nada a cambio. ¿Entiendes?
La niña lo miró extrañada mientras el hombre se incorporaba, mientras el cinturón y las llaves caían pesadamente al suelo.
Sárate lo entendió al instante; había visto a muchos hombres y mujeres hacerlo, aunque nunca lo entendió. Siempre pensó que debía ser muy doloroso.
Sárate intentó huir pero el hombre la agarró del pelo y tiró de ella para agarrarle la cabeza.
Atrapada, movió las piernas para imponerse a las intenciones del hombre, pero lo que a él le interesaba no estaba tan abajo. Tiró de su cabeza para hecerla incorporarse y la tapó la nariz.
Todo había ocurrido muy rápido, pero lo que sucedío despues fue lo mas largo que Sárate vivió en su vida.
La chica escupió una, dos, tres, veces. ¡Era todo tan asqueroso...! La pessadilla era tan horrible que apenas podía pensar. Se derrumbó junto a la ventana y trató de incorporarse mientras su gentil anfitrion reía sin mirarla. Alzó la vista y vió a Manirelle, translúcida en alguna de las partes de su cuerpo, intentando fundirlo con la noche si éxito, pues su cuerpo herido todavía no alcanzaba a la perfección la invisiblidad de los elfos. Desde la ventana ella le señaló con un gesto el manojo de llaves, cercano a ella. Sin dudar un instante, Sárate se lo dió.
No supo decir si Manirelle sonrió o expuso una mueca de tristeza antes de rebuscar en su saco tintineante, tenderle silenciosamente la espada acristalada y desarapecer en la noche, en busca de su hermano.
Cuando la espada entró en contacto con su mano Sárate sintió algo como nunca antes. Decidida, supo que aquel hombre debía morir.
Nunca nadie le había enseñado a balndir aquella espada, pero supo usarla. Simplemente debía blandirla por el aire y chasquear los dedos. Todo lo que la punta de la hoja hubiera señalado sería cortado. La cabeza del hombre rodó sobre la agradable alfombra y Sárate escupió de nuevo. Sobre ella.
Los sentimenientos se mezclaron y tomaron forma en su corazón y de ahi fueron a su cabeza. Se sentía sucia, rastrera, pobre. Pero con esa espada era temible, fuerte.
Nunca permitiría que algo como lo de aquel día le sucediera de nuevo. Sería una la mejor mercenaria, la más gloriosa que jamás hubo.
Con esa espada era posible.
¿De dónde dijo elfa que era?
-De Jassarimp.
-Gracias, espada.
-De nada, niña.
Fin de la Saga del Monstuo
Capítulo XV y primero de la Saga del Reflejo: El reflejo distorsionado del reino de Vuugam.
-¿Por qué Vuugam?¿No es mejor ir a Virgavía?
-Si quieres ir a Virgavía bajate del caballo y ve.
Sárate resopló. Libra siempre se mostraba esquivo. ¿No podía responderle por una vez?
-Pero si en Vigavía está...-insistió ella.
-¡Ya se quién está! Mis hermanos y yo debemos evitarla. Tu no la conoces.
-¡Pero si tu tampoco...!
-¿Y qué? Sagitario nos advirtió de ella. Por mucho que sea mi hermana no nos conviene. Nos arreglaremos tan bien en Vuugam como en cualquier otro sitio.
-Pero, de los Doce es la más fuerte. Mira dónde esta ella y dónde estás tu.
-Es verdad, con una niña pesada y repulsiva sobre un caballo que vuela.
-Desde lugo me sentiría mucho más segura con ella que contigo -continuó ella, ignorando el comentario.
-Ella no persigue a Infinito. Mala suerte.
Las murallas del reino, ya cercano, se divisaban ya en el horizonte. Si algo era el reino de Vuugam, era rico. Orgullosos de esto, los vuugambos habían hecho de él un lugar precioso, cosmopolita y, sobre todo, gris, gris piedra.
La puerta que daba acceso a dichas tierras era ya lo suficientemente bella como para hacer paliceder a toda la arquitectura de Ramordos por entero.
Compuesta de tres arcos peraltados y coronada por una imponente estatua de Vuugam VI, éstos lucían sus arquivoltas por las que se enmarañaba una compleja decoración vegetal.
Entre los arcos, puertas macizas de cobre, reforzadas con púas (siempre bellas) conta los arietes relucían casi tánto como los cascos de los soldados que los flanqueaban. Tras realizar un par de preguntas clásicas de aduana (Sárate resultó ser la aprendiz de Libra, al menos para los guardias), se mostraron muy amables.
-El palacio está a tres días a paso rápido desde aquí.- Le comentó uno de ellos, gentilmente.
-Gracias, pero no vamos a la corte-respondió Libra de igual tono- tenemos asuntos que atender. Es una pena no honrarme con la presencia de su Majestad, pero tengo algunos asuntos muy densos que terminar por estas tierras.
El guardia asintió extrañado mientras se dísponía con sus compañeros a abrir la pesada puerta.
Tras un día de trote lento a través de la urbe, no habían encontrado un lugar dónde pasar la noche por un precio razonable. Vuugam era un sitio muy seguro, y por eso el alojamiento era muy caro; más en la zona más cercana a la muralla, más bella, de construcción más reciente y con más presencia militar debido a la fortificación. La gente era muy distinta allí de la de los protectorados de alrededor de Ramordos; el hecho de ser Libra ojos de araña y Sárate, la Joven Espada de Jassarimp no les reportó ningún descuento. Asi de orgulloso era ese pueblo.
Sárate ya dormía sobre su espalda cuado Libra detuvo a Volador frente un templo que aún conservaba los andamios de final de obra. El chico se bajó y recorrió el crepis hasta la entrada del templo y llamó a la puerta mientras echaba un ojo al acabado dórico de las columnas.
Tras un instante, un sacerdote envuelto en una túnica parda abrió la puerta y, tras reconocer a Libra, le saludó efusivamente y le dejó pasar con amabilidad, no sin antes extrañarse.
-¿Por qué no acudes a palacio?
-La verdad, no esperaba tener favores con la corona de este reino. Y no debo ser demasiado celebre por aquí; ni siquiera los posaderos me han hecho una rebaja ¿Por qué debería acogerme el Rey?- comentó el mientras ataba el caballo y se preparaba para desmontar a Sárate con cuidado.
-¿No andas al tanto de las andanzas de tus hermanos, verdad?-Libra miró al sacerdote, interrogante- Tu hermano Leo se ha asentado en la corte como uno de los componentes de la Triada de Vuugam, los tres miembros más destacados de la guardia personal de Su Majestad.-Libra se palmeó la frente como castigo por no haber seguido más de cerca los pasos del hermano al que estaba más unido.
-¿Hace cuanto que fue eso?
-Va ya para bastante. Hablamos de mas de dos años. Antes de que yo llegara aquí el ya ostentaba ese título. Pero, no me hagas caso, ¿sabes? solo llevo un año por aqui, yo soy de Stalza.
-¿Cómo te llamas? -preguntó el chico, que había olvidado hasta entonces las pocas normas de educaión que conocía.
-Shabin. ¿Has oido algo sobre Stalza últimamente, por cierto? -Libra titubeó un momento; Stalza fue uno de los primeros pueblos pequeños en ser arrasado por Infinito.
-Fue arrasado por un monstruo y ahora no existe. Lo siento. -la expresión de Shabin cambió, pero Libra se apresuró a apostillar- no te preocupes, ese monstruo se alimenta de las casas de la gente y solo mata si se interponen en su camino, hay gran numero de supervivientes en todos los pueblos que arrasa y muchos de ellos se unen a una milicia errante que parte a la caza de ese ser. Posiblemente tu familia y amigos estén allí con ellos.
Shabin cerró la puerta del templo y le condujo hasta la pronaos del templo donde había un funtón, en el que dejaron el cuerpo dormido de Sárate y se movieron hasta la primera estancia del templo en la que había un par de triclinios. El sacerdote trajo vino, uvas y queso y cenaron mientras hablaban.
-Asi que guardia personal...no es moco de pavo en un reino tan distinguido como este.
-Bueno...tampoco te creas que esto va tan bien. Desde hace ya tiempo todo va muy mal, pero todo el mundo se esfuerza en ocultarlo.
-Lo hacen bien.
-No si te fijas. Mira este templo por ejemplo-Shabin hizo un gesto amplio con los brazos- aun esta por terminar, desde hace meses no ha habido ningún avance, ningun obrero se ha presentado por aqui. Me pusieron a mi aquí porque la Iglesia quiso abrirlo ya, pero aun así, no pueden mandar genta a ayudarme. Los posaderos no pueden permitirse gastar nada mas alla de lo que deben, cómo hacían antes. ¿No te han ofrecido ir a palacio cuando has llegado, Libra?
-Si, así es.
-¿Y no sería normal, dada la circunstancia, que aunque te negaras, enviaran un carro para llevarte o que hicieran partir un emisario para informar a palacio?
-Así visto sí.
-Pues no lo han hecho porque el dinero de la corona es esfuma. No se como, pero lo hace. Estan vendiendo los carros. Despiden sirvientes. Todo el dinero de Vuugam pasa por las manos del Rey, y si este lo pierde, todo el reino se empobrece.
El religioso hizo un gesto con el ceño fruncido antes de continuar, mirando a Libra con preocupación.
-Necesito que me hables de lo que pasó en Stalza. Creo que tengo derecho a saber.
-No se demasiado.
-Sé por tus ojos que pudiste impedirlo. Cuentame ¿Qué es ése monstruo?
Fin del decimoquinto capítulo
La proxima semana en El segundo Despertar de Kamareni: El reflejo de una profecía. Nuevos descubrimientos de la Profecía del Demonio a manos de Shabin; Más detalles sobre Leo y los otros componentes de la Triada ¿Quién esta estafando a la Corona de Vuugam?
lunes, 3 de marzo de 2008
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2 comentarios:
Efectivamente el primero es un capítulo muy duro, y explica perfectamente por qué Sárate es como es. Yo me habría ensañado más con el hombre, por cierto. Y realmente curioso e interesante que la espada tenga consciencia...Me pregunto hasta dónde llegará ese vínculo.
Respecto al siguiente, me parece un buen capítulo de introducción a los hechos que van a venir. Y es curioso descubrir que Infinito come casas o.0
No es bueno hacerse merienda de capitulos y coincido con lloyd en lo del primer capitulo.
Quiero saber que mas sucede, por cierto
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