viernes, 16 de mayo de 2008

Яoaming soul and the broken elevatoR



El sol del crepúsculo entraba por las ridículamente grades ventanas del piso con tal fuerza que los colores la reflejaban deboraban las texturas sobre las que habitaban; la madera era tan solo marrón, el metal era únicamente gris, pero fuera como fuere, todo era rojo, liviano, líquido, artificial y forzado como si fuera una imitación de algo que hubo antes, pero a la vez nuevo y brillante.

Aquel piso en medio de aquella torre metropolitana, ni arriba entre las nubes, ni abajo entre las colillas ardientes del asfalto, era el lugar perfecto para la incocreión, la inexistencia. Era un lugar que caminaba entre la línea de los vivos y los muertos, un lugar que no decidía su enplazamiento. Un lugar no situado. La nada.

Tras los cristales del loft, una masa gris, gris como la sangre, se revelaba como ciudad de fondo cuando las sombras, negras como nunca las hubo antes, perfilaban las formas borrosas ocultas tras el blanco reflejo del vidrio, blanco porque la luz deboraba la textura transparente, dotándola de un único color esencial...y el rojo.

Sobre el suelo del piso tan sólo había dos personas...no, dos cosas era lo que había. Una de ellas vestía un traje blanco y una corbata negra, combianando todo con unos exquisitos botines.

Frente él, la otra vestía un vestido rojo, intensificado por la luz de la que bebía.

Él había entrado allí, con su traje blanco, impoluto, pero según se fue acercando a la mujer en el vestido fue tiñéndose de aquel rojo atmosférico. Mientras caminaba llegó a pensar que aquel rojo no venía del sol sino del vestido...no, del aura de quella mujer.

Él habia entrado allí, con su traje blanco, impoluto. ¿Su nombre? Alexis, pero nunca importó. Como mensajero, sus propias palabras, su propio nombre no importaban lo más mínimo. No constaba de esencia propia. Nadie nunca se fija en el folio en el que están escritas las palabras hasta que se cortan con él. Ésa era la existencia de Alexis, ser el folio que lleva las palabras que otro puso ahí. Cortar, herir al que recibe el mensaje.

-Resulta irónico, que sea aquí donde termine todo...en este instante, donde nada tiene matices, en un lugar entre el cielo y el suelo, en ningun sitio, realmente.- Comentó él, sabiendo que la muerte en aquel lugar, sería instantanea, sin posibilidad a ser sercordado. Los hechos que ocurren en la nada no pasan, y así era con la vida de aquella mujer, que, a pesar de todos sus logros jamás encontraría una prolongación
en la memoria de otro que no fuera Alexis, que no era más que sun ser sin nombre, sin esencia.

Sobresaltada, Red Dress se giró y miró a Alexis a los ojos.
-Tu...¿Quién eres?
-Eso es lo que vine a saber...es lo que anhelo tener...un alma, una identidad. Vida tras vida he perdido aquello que una vez tuve. Quizás seas tú quien me devuelva lo que yo me encargué de perder.

Él era un folio, pero quería ser un barco de papel, sobre el que nadie pudiera escribir, que tomara su propio rumbo, no el que le dictaran las letras sobre él. Pero él no sabía cómo doblar las puntas de la hoja para llegar hasta ahí. Necesitaba saber cómo hacerlo, necesitaba un ejemplo, y Red Dress era la pajarita más compleja que él hubiera visto jamás.

Ella se dió cuenta, sabiendo qué era Alexis, tuvo la decencia de ser humilde, aunque fuera lo último que hiciera.

-Es cierto que no he llegado aquí por mis propios medios. Todo el esfuerzo, el sacrificio ha sido siempre de otros. Yo no soy la maquina que me hizo llegar hasta aqui, hasta el medio camino hasta lo más alto, soy tan solo el interruptor que la activa. He hecho cosas peores que las que te han llevado hasta este piso hoy.
-¿Peor que arrebatar la vida por voluntad de otros?
-Así es.-La mujer bajó la cabeza, aparentemente avergonzada. -Visto ahora en perspectiva, no mereció la pena si solo iba a llegar hasta aquí.

Usar a otros había adelantado su ascenso por la torre, y ahora esas personas la cobraban por ello; se lamentaba por haberse quedado allí, en medio de la nada, en vez de no hacer nada y permanecer abajo o de usar la paciencia y morir arriba. Alexis se compadeció de ella, y le quiso hacer pensar que aquel piso era la cima.

-Piensa que no estoy a las órdenes de nadie. Piensa que estoy a las órdenes de Dios.
-Eso querria decir que Dios ya me ha juzgado.

Era cierto, pero el único juicio celebrado fue el que ella hizo a la hora de decidir usar las escaleras de los demas a la hora de subir...

En aquel momento Alexis tomó las palabras que no eran suyas y su papel de mensajero quedó cumplido...era ahora cuando el rojo definitivo teñiría el suelo, absorvería la luz que inundaba la estancia y una de las cosas de aquella habitación sería deborada por las sombras como la masa gris tras el vidrio al caer la noche.

AleXis encontró su pasado entonces, y comprendió que el pasado de Red Dress era el suyo, su futuro.

AleXIs encontró su pasado entonces y comprendió que el pasado de Red Dress era el suyo, su futuro.

AleXIIs encontró su pasado entonces y comprendió que el pasado de Red Dress era el suyo, su futuro.

AleXIIIs encontró su pasado entonces y comprendió que el pasado de Red Dress era el suyo, su futuro.

Fue por eso que cuando decidió recorrer su propio camino, éste termino bañado en el rojo atardecer con una frase:

"Eso querria decir que Dios ya me ha juzgado."

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