Otro capítulo más...
Espero que os guste. A mí me ha gustado. O_oU
La euforia de Libra se fue apagando según se fue adentrando por el pasadizo que le llevaba a la cara oculta de Vuugam.
Independientemente de las expectativas que uno hubiera depositado en aquel lugar, no se veían cumplidas.
Las de Libra en concreto pasaban por unos pasadizos húmedos, apestosos y y oscuros, en los que moverse y asesinar e interrogar con facilidad; nada más lejos de la realidad.
Cuanto más atrás dejaba la oscuridad de la superficie de Vuugam más parecía adentrarse en lo que era un nuevo día bajo tierra; centenares de candelabros de estrafalario diseño, llenos de picos y curvas alumbraban unos muros que parecían hechos de nieve recién caída del cielo, y moldeada por ángeles de extraños gustos, pues, aunque cada sillar era de una forma distinta, escultural y única, estaba perfectamente escuadrado con sus hermanos.
Era todo tan limpio simple y puro que parecía encontrarse en el mismo cielo más que en cualquier lugar de la tierra.
Frente a él se abrieron tres gandes corredores enmarcados por columnas virginales de liso fuste y controvertido capitel que sujetaban arcos que parecían ramificarse y enrollarse entre ellos como si las estancias estuvieran hechas de enredadreas de hielo.
Los corredores laterales parecían dar a estancias secundarias, pero Libra no podía asegurarlo dádo que su longitud parecía infinita, y no pensaba mirar más allá a la hora de tomar dicha decisión. Avanzó por el camino que le quedaba delante, donde un gran arco precedía a lo que parecía ser una gran plaza plagada de vegetación.
Se adentró en ella y se vió rodeado de gruesos bambúes que lo acariciaban con sus hojas según avanzaba entre ellos. Eran fuertes, tanto que no se movían a su paso. Eso tambien era un problema cuando a veces resultaban estar juntos.
Aqueñ lugar no parecía tener ni fin ni sentido, y las cariñosas plantas no parecían acabarse. Sobre él, una cúpula acristalada filtraba una luz más intensa que la de cualquier dia que él hubiera visto jamás ¿Cómo era eso si era un lugar bajo tierra, y afuera era de noche? ¿cómo era posible que la cúpula tambien se dejara anochecer de cuando en cuando, dejando ver las estrellas a través de ella?
En uno de ésos súbitos crepúsculos antinaturales, Libra oyó algo a su alrededor. Pisadas. Voces.
Miró a su alrededor y distinguió a un par de marionetias de coloridas capas que avanzaban entre los bambúes cómo él. Trató de leer sus lavios, pero la vegetación era demasiado densa que aquel invernadero como para poder lograrlo, aún incluso para Ojos de Araña.
Miró a su alrededor con más detenimiento y maldijo para sus adentros. Junto a el había decenas de marionetistas, susurando, paseando solos o en grupos ¿Cómo había podido ser tan poco cuidadoso? tenía suerte de que ellos no se hubieran percatado de su presencia, como le había pasado a él con ellos hasta entonces.
Libra se dió cuenta de lo que aquella habitación era entonces; era una cámara silenciada por aquel alto manto verde que cubría a todos los que entraban en ella; ahí nadie salvo que estuviera a tu lado podría oirte o verte. Era una cámara para conspirar, pero, para Libra, cuya visión era superior a la de cualquiera, era el lugar perfecto para interrogar a alguien y seguir avanzando.
Respiró hondo, cerrando los ojos, clamado. Cuando los abrió inició una carrera con tal determinación, con tal instinto asesino que cualquiera hubiera podidido jurara que las hojas de bambú tenían tanto miedo de tocarle que se apartaban de él.
En completa tensión pero con rigurosa calma, las maneras de alguien que nace con el don de quitar vidas, uno sólo de los múltiples dones que el padre de los Doce otorgó a sus hijos, se comenzó a acercar a un marionetista meditabundo, conteniendo el ansia; la dulzura que le esperaba, la mera posibilidad le ponia el cabello de punta.
Así era Libra, un tipo de gustos sencillos, más bien de tendencias básicas. El sabor de la emocion de la batalla, de arrebatar una vida, amor, y, muchas veces tan solo las mujeres, era tan sólo lo que Libra necesitaba para ser razonablemente feliz.
Un ruido seco que nadie pudo percibir, un par de hojas que caen al suelo.
-Un moviento será el último, pelos de zanahoria.
-¿Qui..?¿Quién eres tú?
-Eso no importa...¿Dónde está Pólux?
-¿El Servidor Real?
Libra le apretó un poco más el cuello y le sacudió mientras endurecía la presa
-¿¡Quién si no!?
-Esta bien esta bien...al norte...por el pasillo...no estará mucho tiempo...
-Muchas gracias- Libra tiró al suelo a su rehén y desenfundó una de las ballestas. Casi al instante, miles de lineas onduladas salieron de su ojo mientras una marca negra se extendía por su párpado y colocaban por él una flecha frente a la cuerda del arma.
-¿Que demonios...? -Al caer al suelo y darse la vuelta, el Marionetista se dispuso a contraatacar y lanzó contra los árboles varios cuchillos aundados con finos hilos a sus dedos, aún así, la flecha de libra le atravesó la cabeza justo antes de que las plantas se doblaran del todo y lo atraparan.
-Así que éste es el poder de los marionetistas ¿Eh? Dominar aquello que está unido a sus dedos...
Tanteó el cadáver en busca de dinero y otros objetos útiles; acabó quedándose con varios cuchillos que portaba el Marionetista, todos unidos a sus dedos por hilos.
Miró al cielo para orientarse antes de que amaneciera en falso de nuevo y emprendió su marcha, rodeado de un halo de de violencia, contenida, refinamiento, deleite.
Sembró su camino de cadáveres, sin razon, tan sólo necesidad. Quizás llebaba demasiado teimpo sin sentir aquella sensación; puede que la mera idea de estar huyendo, y más de Infinito, en principio su objetivo, le impulsara a tratar de sentirse poderoso de nuevo.
Cuando alcanzó el corredor que le habían indicado, notó que ése era sustancialmente distinto; bajo sus pies, una alfombra negra y dorada amortiguaba sus pasos, y había algunos mosaicos de aspecto extraño decorando las paredes; los candiles habían dado paso a unas expectaculares lámparas que colgaban del alto techo; a pesar de que lIbra no había tenido sencaion de bajar, sí sabía que la profundidad a la que se encontraba ahora era mayor.
Caminaba despacio, agazapado, con el sabor de la muerte en la boca, pero un ruido interrumpió su avance; rápidamente se encaramó a una columna y asomó un poco la cabeza para observar.
Un grupo de figuras uniformadas acababa de salir de una puerta lateral. Eran tres, y portaban un paquete con ellos. La mas bajita y menuda se movia lijeramente encorvada y con poco garbo, algo torpe, meneando su coleta alta de un lado a otro. Tan sólo llebaba un par de bandas de colores, pero las otras dos, una alta con el pelo negro y verde y la otra, muy abultada y con un pelo largo hasta las rodillas, llebaban por lo menos doce o quince colores en la capa.
-¿No estátis nerviosos? -comentó la última, que portaba el bulto sobre su hombro.
-Sí.-comentó escuentamente la bajita de la coleta, que sí parecía agitada.
-No sé que te hace estar tan expectante, eres una marionetista incapaz de hacer su trabajo. Sin no fuera por nosotros dos, serías un fiambre ¿sabes?
-¿Pero no nos hascienden también a nosotros?
-Si, pero menos a cada uno ¿sabes? No sé por qué te negaste a matarla.
-¿No hubiera sido engorroso?
El trío se detuvo un instante y Libra se movió rápidamente hacia una pequeña puerta cercana, y empujó el pomo.
Pero no sirvió de nada y un ruido hueco retumbó por el pasillo.
-¿Qué ha sido eso?
Cuando el marionetista se giró Libra no estaba ahí.
Libra se apoyó sobre la puerta y suspiró; había tenido que mirar el interior de la cerrradura y crear la llave con su ojo en menos de un instante. No quería enfretamnientos que no fueran de uno en uno.
Miró a su alrededor y se vió en un estrecho y curvo corredor lleno de libros; apenas cabía entre ellos y los papiros entre las hojas.
Sus ojos se adaptaron rápidamente a la oscuridad y vio aquel lugrar tenue y polvoriento como si la luz del sol lo bañara.
Avanzó lentamente sorteando las pilas de documentos a sus pies; ni el suelo ni las paredes, siquiera el techo se divisaban de lo cubierto y polvoriento que estaba todo.
El corredor se fue ensanchando, pero la vista era igual de abarrotada que antes. Finalmente llegó a una amplia sala, en la que había algo nuevo.
En en centro de la estancia sobre un escritorio igual de poblado había una persona, encorvada sobre un largo papiro, concentrada plenamente en la escritura.
Súbitamente se levantó del asiento, pero no reparó en Libra sino que dió un par de saltos hacia un par de libros, los tocó y, tras dar un par de vueltas a la mesa, se sentó de nuevo y prosiguió escribiendo.
Extrañado, Libra se acercó a la figura con curiosidad tal que su instinto asesino se disipó por completo.
Era una chica rubia, de cara bondadosa, curva pero alargada, de aspecto amable, con cabellos ondulados color miel.
Por más que se acercó, ella no pareció notar su presencia, salvo cuando se levantó, para suspirar un poco, y entonces sobresaltada un momento, le saludó.
-Oh...¡hola...-Pareció fijarse en el rostro de Ojos de Araña, pero evadió hacer ninguna referencia tanto verval como gestual -¿quién eres? no veo mucha gente que no sea marionetista por aquí.
-No soy nadie. Estaba de paso.
-Yo soy Seimar. ¿Te puedo ayudar en algo?
-He visto unos cuanto marionetistas ahí con aspecto curioso. Andan rondando por aquí
-Verás muchos más; ahora la junta está reunida y muchos marionetistas patrullan por los pasillos.
-¿Cuánndo terminará la junta?
-No lo sé lo siento. -Estuvo a punto de ponerse a escribir de nuevo, pero justo antes alzó la cabeza y añadió - Al final de ese corredor hay una pequeña fisura en la pared por la que podrás ver y oir todo lo que se vea en la junta. ¿Lo verás?
-Voy a ello, gracias.
La luz que se filtraba por aquella grieta iluminaba la estancia como la luz del sol, tal era la penumbra que reinaba en aquella extraña biblioteca.
Puso el oído sobre ella, pues podía ver a traves de la pared igual de facilmente que del negro de aquella oscuridad.
Súbitamente Seimar apareció a su lado.
-¿Necesitas ayuda?
-No hay nadie en la sala.
-Todavía no. Los marionetistas tienen una extructura muy compleja.
-¿Cómo?
-Los Marionetistas tienen cincuenta grados. A mayor grado, menos habilidad y mismo número de componentes del grado. En el grado cincuenta hay ese número de marionetistas, pero son todos morralla, gente que a iniciado su interes por la organización y que ha empezado a ser instruida en técnicas avanzadas. La Junta esta formada por 12 personas actualmente, los integrandes de los grados dos al cuatro por completo. Desde que ocurrió el Gran Advenimiento de los Marionetistas el nuevo numero uno, líder adsoluto del gremio, no aparece, y se comunica con la junta a través de uno de los número dos, Pólux.
-¿Tiene el grado que ver con los colores de las capas?
-Sí, a mas franjas de color, mayor es el grado.
-¿Y qué es eso del Advenimiento?
-Hace unos cuantos años surgió un marionetista de tal poder que llegó a la cúspide haciendo desaparecer a todos aquellos que se opusieron a ello. Y una vez las bajas fueron repuestas, el resto de los marionetistas tambien fueron ajusticiados para ocultar la identidad de dicho individuo, asi que sólo quizás Pólux sabe quien es el líder de los marionetistas.
-Me gustaría conocer a ese tipo.
-Bueno...pues esta no será la ocasión -rió Seimar mientras se alejaba-
Poco rato después los tipos que Libra había visto en el pasillo entraron en la sala y se entaron a esperar a sus superiores. Los obsevó más de cerca; El tipo grande de pelo largo llevaba un número absurdo de perforaciones en la oreja y sus rasgos eran toscos, hasta donde sus onduladas greñas permitían ver.
El delgado del pelo verde parecía finalmente bastante robusto, pero tenía un poco de piel sobrante bajo la barbilla, cómo si hubiera adelgazado recientemente.
La de la coleta era una chica joven de pómulos abultados y ojos pequeños, que se dejó caer sobre la dura silla frente a la mesa sin gracia alguna.
Libra los noto extrañamente silenciosos, comparado con la vez anterior; quizás estuvieran nerviosos, tal como oyo decir al ricitos, el cual dejó el paquete sobre la mesa. Era grande y bastante lijero; su forma le recordó a algo, aunque no sabría el qué.
Era una situación aburrida; los tres marionetistas ni se miraban unos a ortros, tan solo miraban fijamente el bulto sobre la mesa, sumidos cada uno en sus propios pensamientos.
Libra observó con más detenimiento aquella sala, tan rica como el resto de la guariad de aquella extraña y ostentosa secta. La alargada mesa estaba situada frente una gran puerta por la que el tría había entrado; en el extremo opuesto, trece grandes tronos negros y blancos de recargada decoración, junto a los que había una puerta mucho más discreta, que comenzó a abrirse.
Por ella entraron dos marionetistas con coloridas capas, en las que Libra llegó a contar cincuenta y nueve franjas de color; eran los dos integrantes del puesto dos.
Pólux ocupó el trono a la derecha del más grande, -Libra supuso que pertenecería al misterioso número uno- y el otro tipo el de la izquierda.
Libra se fijó en él y tuvo una extraña sensación de déjà vú. Su rostro era negro como la oscuridad, pero sus ojos azules y sus cabellos dorados le hacían parecer extraño y sobrenatural, y le recordó a alguien, pero, al igual que le pasó con el paquete sobre la mesa, no supo identificarlo.
-Cómo sabéis, los otros diez cargos están ocupados con misiones y asuntos propios, así que estas reunión se limitará a la presencia del cargo Dos. -Dijo Pólux.
-Inicio de la Reunión Diez mil setenta y séis, estando presentes los Marionetistas Praid y Igama , del rango treinta y veinticuatro respectivamente y la marionetista Sasoidara, de grado cuarenta y nueve -Prclamó un discreto escriba que ahbía aparecido en una de las esquinas de la habitación.
Comienzan las revelaciones.
Fin del decimoquinto capítulo.
En el próximo episodio: Reflejos desvelados
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jueves, 16 de octubre de 2008
domingo, 21 de octubre de 2007
Capítulo V: Saga del Futuro III
Este es un capítulo especial de ESDK porque en él empiezan los cameos de lectores del blog en la historia. Debo reconocer que ha tomado más parte del episodio de lo que esperaba, y es por eso que quizás sea lo único remarcable de este capítulo, pues he batido el límite de espacio en muy poco tiempo. Ya me he puesto a trabajar duro en el siguiente para que la falta de contenidos quede suplida a principios de la semana que viene.
Es posible que la persona "camuflada" en la historia sea la única que la reconozca, aunque hay otros dos lectores que podrían intuir quien es.
Espero, en cualquier caso, que os guste.
Tras tres días, Libra encontró la palabra: libre.
Era así como se sentía desde que dejó atrás Resdomo. También estaba bastante cansado, pues usaba su ojo para eliminar su rastro y así evitar que pudieran seguirle, lo que, a pesar de que en principio no requirió un gran esfuerzo, dos días más tarde sus fuerzas estaban mucho más quebradas.
Pasar tres días sin la voz de Aries en el aire le había dado tiempo para pensar. En los tres años que su personalidad había estado sepultada por el impotente sentimiento de venganza y la insistente presencia de su hermanastro esta debía de haber cambiado. Estaba ansioso por oír el veredicto de Cáncer al respecto.
Cáncer era, junto con Leo, la persona que mejor conoció a Libra en su momento. Desde siempre, los tres habían sido los más animados de entre sus hermanos, pasándolo bien y viviendo mejor gracias a la fama y gratitud que Padre creó para ellos. Libra y Leo habían construido su vida en base a eso, pero Cáncer había vagado antes por la tutela de Escorpio, antes de que la locura tomara posesión de su cuerpo, así como compartió casa con Sagitario unos meses antes de que él muriera. Sin embargo, cuando Leo fue convocado por Asmiria como guardia personal de su ahora decadente monarca los tres separaron sus caminos. Cáncer buscó un buen sitio para pasar el resto de su vida en paz, pero Libra no se veía capaz de vivir una vida tranquila y apacible y pensó en unirse a Piscis en sus circenses epopeyas a lo largo y ancho del continente. En estas estaba cuando aquel extraño hermano pelirrojo se cruzó en su camino y Libra decidió unirse a Tauro y a Aries, con la mirada puesta en una futura posesión de Nihil.
Quizás no todo hubiera salido exactamente como pensaba, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción mientras atravesaba los bosques y evitaba los caminos.
Algo que no podría evitar seria pedir algo de comer cuando viera a su hermano. Tres días era demasiado. Y usando el Ojo, eran seis.
Oyó el bullicio de la aldea y se aproximó al camino. Tras una breve caminata se apoyó pesadamente en un cartel que indicaba la entrada el pueblo. Resoplo ahogadamente y resbaló como un muñeco de trapo por la madera. Lo último que vio fue el nombre del pueblo garabateado y mohoso: Hantares.
Cuando despertó estaba tumbado sobre un lecho de paja en una casa de piedra. Las fuerzas estaban algo más recuperadas entonces. Notó su barbilla húmeda y dedujo que habían escurrido agua sobre su boca. Haciendo un esfuerzo titánico abrió los ojos. La casa era de piedra, y allí solían ser de madera, así que posiblemente era una medida de proteger la vivienda de algo, pues una casa tan calurosa en aquella zona no tenía sentido.
Es decir, que Cáncer vivía en ella. Los surcos en la piedra lo confirmaban.
- ¿Estas despierto...? ¿Si? ¿Hola...? -Una mano fina y pequeña tomó el hombro de Libra y lo menó con no demasiada delicadeza mientras él pensaba que esa no era la voz de Cáncer.
-Ten un poco de delicadeza ¿Quieres? No quiero que sus órganos estén descolocados cuando lo raje como a un conejo.-Esa sí era la voz de Cáncer. Y Cáncer era capaz de hacer eso. Y ese miedo era lo que Libra necesitaba para despertarse del todo e incorporarse como impulsado como un resorte. A pesar de contar con una vista sobrehumana, todavía la tenía nublada, como cualquier persona normal en su situación. Cáncer rió desde algún sitio mientas otra figura se perfilaba frente a él: una chica joven, podría tener unos dieciséis años o unos veinte, pero fuera como fuera era bella, y eso podía verlo aun con la vista nublada. Cuando la imagen se aclaró vio mejor a la muchacha, con su piel tersa, pequeños y redondos ojos azules y su melena de color oro bruñido, cubierta por un pañuelo azul marino.
- No le trates así... cuando lo encontré parecía muerto.- se acercó un poco más al convaleciente con una manzana en la mano - Toma...come algo, chico.
- Muerto ¿cómo tus chipirones, quizás?
-¡No te rías de mi por lo que soy...! Los chipirones que pesco son fantásticos ¡Y las sandías de mi padre son las mejores en toda la región!
Libra tomó la fruta que la chica le tendía y la mordió mientras buscaba a su hermano. Pero debía estar tras la cortina que sustituía la puerta en esa habitación y no era posible atisbar más que su silueta.
En cuanto sintió la comida moverse en su interior se sintió mucho mejor y reunió las fuerzas suficientes para unirse a la conversación.
-¿Chipirones...?¿Tengo pinta de chipirón acaso? Hermano, esa cortina no oculta que te has puesto rollizo, así que ya no tienes nada que ocultar. Sal, payaso.
Tal y como esperaba Libra, Cáncer deshizo la cortina el pequeños trozos cuando entró, como si se dedicara una lluvia de confeti a si mismo y entró en la habitación con las garras de sus manos reluciendo en la penumbra. Físicamente, era como hubiera sido Aries su hubiera tenido la misma madre que el resto de los Doce: sus ojos eran más grandes y redondos y su pelo era mucho más liso que el de sus hermanos . Aún así compartía su corpulencia y altura, cosa que Aries hubiera envidiado. Tal y como Libra había indicado, el sedentarismo le había hecho ganar algo de peso . En sus manos y en sus pies, las uñas que su padre le había dejado eran armas mortales, capaz de cortar casi cualquier cosa, de ahí el mote que portaba desde su nacimiento, Guadaña humana.
- No eres quien para hablar de cambios, chaval, parece que te ha pasado una serpiente de cien mil libras por la cara...no he visto una cicatriz más rara en mi vida. - se acercó hasta ponerse a la misma altura que la chica y entonces se percató de algo más- ¿Por qué tienes un ojo normal y el otro de tu color...? ¿No será...? - se dirigió a la chica - Creo que deberías irte, monada, tengo que hablar con mi hermano.
-¿Monada..? ¿Qué me vaya? ¡Encima de que tengo la amabilidad de traer a este saco de huesos de tu hermano a tu casa...! Que poco estilo tienes, Cáncer. Ni siguiera me has invitado a tomar algo.
-Claro que no. Te has puesto a cuidar de Libra como si fuera tu propio hermano, a penas me has dejado hacer nada. -la chica se enrojeció un momento.
-No...no...no pongas excusas ¡He tenido que hacer todo eso porque a ti te daba lo mismo...! En conclusión: eres un maleducado. - Cáncer hizo amago de responder, pero Libra se le adelantó.
-Déjala, hermano, en Resdomo no había muchas mujeres...hace tiempo que no estoy con una chica en un mullido lecho de paja con una manzana en la boca- le guiñó un ojo a la rubia, que se sonrojó un poco más, y tras unos balbuceos inteligibles y unos momentos de duda se acercó a la cama y le abofeteó con fuerza antes de irse, dejando tras de sí a Cáncer muerto de risa.
- Sigues siendo el mismo salido de siempre, cabrón.
-Tiene carácter, la chica. Bueno, además de eso que no se que es que me pone malo.- Libra rió y mordió la manzana de nuevo. Ya se encontraba mucho mejor.
-Es muy cortante con las personas en las que no confía pero si te ganas su amistad, es lo más dulce del mundo.
-¿Y tú como lo sabes, picaron?
- Salido, malpensado...definitivamente eres Libra. Me alegro de verte. Ahora cuéntame qué te ha pasado en la cara.
Fin del Quinto capítulo.
La semana que viene en El segundo Despertar de Kamareni: Saga del Futuro IV; La sabiduría de Cáncer; los poderes de Libra no son tan discretos como él pensaba; Tauro y Aries ¿Ganaron a Marco Hécate?
Es posible que la persona "camuflada" en la historia sea la única que la reconozca, aunque hay otros dos lectores que podrían intuir quien es.
Espero, en cualquier caso, que os guste.
Tras tres días, Libra encontró la palabra: libre.
Era así como se sentía desde que dejó atrás Resdomo. También estaba bastante cansado, pues usaba su ojo para eliminar su rastro y así evitar que pudieran seguirle, lo que, a pesar de que en principio no requirió un gran esfuerzo, dos días más tarde sus fuerzas estaban mucho más quebradas.
Pasar tres días sin la voz de Aries en el aire le había dado tiempo para pensar. En los tres años que su personalidad había estado sepultada por el impotente sentimiento de venganza y la insistente presencia de su hermanastro esta debía de haber cambiado. Estaba ansioso por oír el veredicto de Cáncer al respecto.
Cáncer era, junto con Leo, la persona que mejor conoció a Libra en su momento. Desde siempre, los tres habían sido los más animados de entre sus hermanos, pasándolo bien y viviendo mejor gracias a la fama y gratitud que Padre creó para ellos. Libra y Leo habían construido su vida en base a eso, pero Cáncer había vagado antes por la tutela de Escorpio, antes de que la locura tomara posesión de su cuerpo, así como compartió casa con Sagitario unos meses antes de que él muriera. Sin embargo, cuando Leo fue convocado por Asmiria como guardia personal de su ahora decadente monarca los tres separaron sus caminos. Cáncer buscó un buen sitio para pasar el resto de su vida en paz, pero Libra no se veía capaz de vivir una vida tranquila y apacible y pensó en unirse a Piscis en sus circenses epopeyas a lo largo y ancho del continente. En estas estaba cuando aquel extraño hermano pelirrojo se cruzó en su camino y Libra decidió unirse a Tauro y a Aries, con la mirada puesta en una futura posesión de Nihil.
Quizás no todo hubiera salido exactamente como pensaba, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción mientras atravesaba los bosques y evitaba los caminos.
Algo que no podría evitar seria pedir algo de comer cuando viera a su hermano. Tres días era demasiado. Y usando el Ojo, eran seis.
Oyó el bullicio de la aldea y se aproximó al camino. Tras una breve caminata se apoyó pesadamente en un cartel que indicaba la entrada el pueblo. Resoplo ahogadamente y resbaló como un muñeco de trapo por la madera. Lo último que vio fue el nombre del pueblo garabateado y mohoso: Hantares.
Cuando despertó estaba tumbado sobre un lecho de paja en una casa de piedra. Las fuerzas estaban algo más recuperadas entonces. Notó su barbilla húmeda y dedujo que habían escurrido agua sobre su boca. Haciendo un esfuerzo titánico abrió los ojos. La casa era de piedra, y allí solían ser de madera, así que posiblemente era una medida de proteger la vivienda de algo, pues una casa tan calurosa en aquella zona no tenía sentido.
Es decir, que Cáncer vivía en ella. Los surcos en la piedra lo confirmaban.
- ¿Estas despierto...? ¿Si? ¿Hola...? -Una mano fina y pequeña tomó el hombro de Libra y lo menó con no demasiada delicadeza mientras él pensaba que esa no era la voz de Cáncer.
-Ten un poco de delicadeza ¿Quieres? No quiero que sus órganos estén descolocados cuando lo raje como a un conejo.-Esa sí era la voz de Cáncer. Y Cáncer era capaz de hacer eso. Y ese miedo era lo que Libra necesitaba para despertarse del todo e incorporarse como impulsado como un resorte. A pesar de contar con una vista sobrehumana, todavía la tenía nublada, como cualquier persona normal en su situación. Cáncer rió desde algún sitio mientas otra figura se perfilaba frente a él: una chica joven, podría tener unos dieciséis años o unos veinte, pero fuera como fuera era bella, y eso podía verlo aun con la vista nublada. Cuando la imagen se aclaró vio mejor a la muchacha, con su piel tersa, pequeños y redondos ojos azules y su melena de color oro bruñido, cubierta por un pañuelo azul marino.
- No le trates así... cuando lo encontré parecía muerto.- se acercó un poco más al convaleciente con una manzana en la mano - Toma...come algo, chico.
- Muerto ¿cómo tus chipirones, quizás?
-¡No te rías de mi por lo que soy...! Los chipirones que pesco son fantásticos ¡Y las sandías de mi padre son las mejores en toda la región!
Libra tomó la fruta que la chica le tendía y la mordió mientras buscaba a su hermano. Pero debía estar tras la cortina que sustituía la puerta en esa habitación y no era posible atisbar más que su silueta.
En cuanto sintió la comida moverse en su interior se sintió mucho mejor y reunió las fuerzas suficientes para unirse a la conversación.
-¿Chipirones...?¿Tengo pinta de chipirón acaso? Hermano, esa cortina no oculta que te has puesto rollizo, así que ya no tienes nada que ocultar. Sal, payaso.
Tal y como esperaba Libra, Cáncer deshizo la cortina el pequeños trozos cuando entró, como si se dedicara una lluvia de confeti a si mismo y entró en la habitación con las garras de sus manos reluciendo en la penumbra. Físicamente, era como hubiera sido Aries su hubiera tenido la misma madre que el resto de los Doce: sus ojos eran más grandes y redondos y su pelo era mucho más liso que el de sus hermanos . Aún así compartía su corpulencia y altura, cosa que Aries hubiera envidiado. Tal y como Libra había indicado, el sedentarismo le había hecho ganar algo de peso . En sus manos y en sus pies, las uñas que su padre le había dejado eran armas mortales, capaz de cortar casi cualquier cosa, de ahí el mote que portaba desde su nacimiento, Guadaña humana.
- No eres quien para hablar de cambios, chaval, parece que te ha pasado una serpiente de cien mil libras por la cara...no he visto una cicatriz más rara en mi vida. - se acercó hasta ponerse a la misma altura que la chica y entonces se percató de algo más- ¿Por qué tienes un ojo normal y el otro de tu color...? ¿No será...? - se dirigió a la chica - Creo que deberías irte, monada, tengo que hablar con mi hermano.
-¿Monada..? ¿Qué me vaya? ¡Encima de que tengo la amabilidad de traer a este saco de huesos de tu hermano a tu casa...! Que poco estilo tienes, Cáncer. Ni siguiera me has invitado a tomar algo.
-Claro que no. Te has puesto a cuidar de Libra como si fuera tu propio hermano, a penas me has dejado hacer nada. -la chica se enrojeció un momento.
-No...no...no pongas excusas ¡He tenido que hacer todo eso porque a ti te daba lo mismo...! En conclusión: eres un maleducado. - Cáncer hizo amago de responder, pero Libra se le adelantó.
-Déjala, hermano, en Resdomo no había muchas mujeres...hace tiempo que no estoy con una chica en un mullido lecho de paja con una manzana en la boca- le guiñó un ojo a la rubia, que se sonrojó un poco más, y tras unos balbuceos inteligibles y unos momentos de duda se acercó a la cama y le abofeteó con fuerza antes de irse, dejando tras de sí a Cáncer muerto de risa.
- Sigues siendo el mismo salido de siempre, cabrón.
-Tiene carácter, la chica. Bueno, además de eso que no se que es que me pone malo.- Libra rió y mordió la manzana de nuevo. Ya se encontraba mucho mejor.
-Es muy cortante con las personas en las que no confía pero si te ganas su amistad, es lo más dulce del mundo.
-¿Y tú como lo sabes, picaron?
- Salido, malpensado...definitivamente eres Libra. Me alegro de verte. Ahora cuéntame qué te ha pasado en la cara.
Fin del Quinto capítulo.
La semana que viene en El segundo Despertar de Kamareni: Saga del Futuro IV; La sabiduría de Cáncer; los poderes de Libra no son tan discretos como él pensaba; Tauro y Aries ¿Ganaron a Marco Hécate?
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El segundo Despertar de Kamareni,
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