domingo, 30 de marzo de 2008

Capítulo XVII: Reflejo de una corte

Aquí el XVII; espero que os guste.

Libra y Sárate caminaban de nuevo por las presuntamente ostentosas y cenicientas calles de Vuugam, en dirección a Palacio.

Iba a pie, al lado de Volador, conduciéndolo con las riendas entre el genitío mientras Sárate lo montaba, mirando atentamente a su alrededor, por si acaso alguien la reconocía, aunque la aspecto de aquel lugar la desconcentraba constantemente de su autocomplaciente pero escasamente exitosa tarea.

Ramordos ya la había impresionado bastante, pero era tan solo una ciudad rica. Vuugam era un reino portentonsos que la hacía sentir como si la arquitectura imposible fuera a desmoronarse en cualquier momento, como aquella extraña sensación de estar paseando por otro mundo en el que todo era más ligero, mas facil de elevar sobre el suelo, casi sin importar el grosor y el peso del soporte.

La fascinación la hizo no darse cuenta de que Libra estaba algo más callado de lo normal. ¿Su padre no había erradicado la extinción total, que vendría de la mayor guerra que sobrevino la tierra? Pues no. Y el ejecutor caminaba libremente ahora sobre la tierra.

Libra recapacitó un momento y pensó en Infinito como ejecutora. Un instante después se reía de sí mismo. Qué idiota. Como si eso importara. ¿Cómo habría llegado la niña a aquella conclusión?

-Oye, Sárate...¡Sárate!- la niña, distraida pegó un respingo y contestó de mala manera- ¿como llegaste a la hipótesis de que Infinito era una chica?
-¿A qué viene eso ahora...?- la niña quería seguir viendo el paisaje urbano y Libra era un obstáculo en sus planes de gozo pasivo y obnuvilante.
-Por hablar de algo.
-Podriamos hablar de a donde vamos, porque todavía no me lo has dicho.

Libra frenó el paso un momento, ababtido por la actitud de la niña. No era justo, él podría haberla dejado anoche durmiendo encima del caballo afuera y no lo hizo; la condujo con delicadeza y sin despertarla al interior del templo y la arropó. Y no tenía por qué. Contrariado, no respondió mordazmente como solía, sino que cansina mente le explicó a grandes rasgos el por qué de su marcha a Palacio.

-Tengo ganas de ver a mi hermano. También tengo ganas de conocer a los otros dos miembros de esa triada de guardaespaldas destacados del Rey.-Sárate fruncio el ceño un instante y revolvió en el macuto en la grupa del caballo. Cuando se giró tenía un papel en la mano: la lista de aquellos guerreros que podrían igualar o superrar la fuerza del padre de los Doce. Libra miró el documento de soslayo; probablemente los nombres que figuraban en aquellas hojas eran las personas que más posibilidades tenían de detener a Infinito y, a su vez, de morir en sus garras. La niña lo miró y fue desenrrollando el papiro concentrada en la búsqueda, ajena al ajetreo a su alrededor y al bamboleo de Volador, como cuando miraba absorta la ciudad a su alrededor, pero ahora no tenía la mente en blanco.
-Bueno, para empezar esto está un poco antiguo, porque tu hermano Leo no me aparece como guardia personal de la corona de Vuugam. Solo me aparecen dos personas: Lardain, la Dama del Espejo y Mutarankaa, el Marionetista. -ojeó un poco más- estoy harta de los marionetistas, de cada cinco nombres de esta lista uno de ellos esta clasificado como marionetista. Es curiosos que una secta tan grande tenga tantos miembros poderosos. Normalmente, cuanto más exclusivas son las escuelas de artes marciales, mejor preparado sale cada estudiante, pero aquí tienen un nivel muy alto.
-Bueno, cuanta más gente haya, más posible es que haya gente buena ¿no? Solo por suerte, eso ya se cumple.
-Si, si.-dijo Sárate sin pensar mientras guardaba el rollo y volvía a sumirse en la contemplación. Sin embargo, Libra le hizo sacalo otra vez.
-¿Cómo? ¿No sabes quién es Marco Hécate?
-No...

Sin embargo la niña no dijo nada, siquiera se burló. Asimismo, tampoco le dijo a Libra quien era; se limitó a mirarlo desde el caballo con una ceja levantada y una sonrisa de divertida incredulidad. En el fondo se sentía estafada y un poco avergonzada ¿Ese paleto era capaz de derrotarla? ¿A ella? Bueno, la cultura y la desctreza no tenían que ver, pero era un poco frustrante para alguien con sus aspiraciones.

A mediodía comenzaron a ascender el tortuoso camino hacia la cima de la colina donde se encontraba el castillo que rodeaba el palacio. Llegarían allí al anochecer con suerte.

Y suerte hubo.

El puente levadizo aun no había hecho amago de movilidad cuando llegaron. Si Libra no hubiera sabido nada sobre la situación del reino, le habría hecho gracia el exceso de confianza de sus habitantes, pero, al verlo, le preocupó la situación.

Alrededor de Palacio la seguridad era mucho más evidente. Y a pesar de la fama de Libra -y, para su propio regocijo, de la Joven Espada de Jassarimp- les observaron con cautela y les interrogaron con inteligencia. Una vez comprovada su identidad e intenciones, propusieron ser presentados ante el Rey, pero Libra se negó.
-Vengo a ver a mi hermano. Si Su Magestad desea invitarme accederé encantado, aún así, preferiría ver antes a Leo.
-Está bien, Señor Libra, pero el Rey será informado de vuestra presencia, independeintemente de vuestros deseos.- El guardia se giró hacia Sárate pero mantuvo una distancia mas prudente que con Libra. Era la Niña Demonio, al fin y al cabo.
-A mi me gustaría saludar personalmente a Su Magestad y ponerme a su servicio durante nuestra estancia -Libra dirigió una severa mirada a Sárate y pensó en reprochárselo más tarde; esa idiota, como muchos creía que lograría el favor de un reino ofreciéndole su espada unos días, cuando en realidad lo que ocurriría es que pasaría a engrosar la serie de piezas que un monarca tiene a su disposición. Idiota...¿Pero en qué estaba pensando él? Esa niña le daba igual. Era poco más que una carga. Casi era una mascota. Si, eso era, su mascota.

Aún así, entre estos pensamientos denigrantes surgió la idea de que a las mascotas también se les coge cariño. La ahuyentó con un movimiento de cabeza y siguió caminando tras el soldado que le conducía por los jardines de palacio hasta donde estuviera su hermano.

Las ventanas de los patios estaban altas, para que los que pasaran por ellos no pudieran saber quien les miraba desde ellas sin delatarse con posturas poco discretas.

Eso no era problema para Libra, que con su ojo heredado y potenciado podía mirar en derredor y a través de las cosas sin girar la cabeza.

La situación era escandalosa en el interior: los corredores y aposentos de invitados, salas y comedores eran insultantemente preciosistas y ostentosos, pero muchas de las habitaciones, la mayor parte de ellas, estaban completamente vacías; algunas incluso, si estaban una encima de otra, se había eliminado el suelo (o en su defecto, el techo), evidentemente, para vender la madera. Aunque el dinero obtenido claramente no se usaba en la limpieza de las mismas.

Todas las cerraduras de las habiataciones ruinosas estaban echadas.

Avanzaron hasta las profundidades del edificio a través de los patios hasta que el guardia se detuvo y pidió a Libra, levemente avergonzado, que le dejara vendarle los ojos.
-Lo siento, Señor, pero las normas son las normas.
-Más lo siento yo. Qué desperdicio de pañuelo.
-Las normas son las normas-repitió el centinela, consciente de la inutilidad de áquel acto, y le guió por un sinuoso laverinto vegetal hasta llegar un recogido patio, donde una enorme figura lo esperaba espectante.
-Libra ¡Hermano!

Alto y rubio como Tauro, pero mucho más fibroso y fuerte, vestido con unas ropas -seguramente diseñadas para él en concreto- elegantes que dejaban sus brazos y la mitad de sus piernas al aire, evidentemente pensando en su peculiar estilo de combate, se encontraba Leo con su larguísima cabellera rozándole los gemelos y su densa barba dorada -recortada con precisión- haciendo equipo con el flequillo en la no demasiodo ardua tarea de ocultar su cara.
Ambos hermanos se abrazaron brevemente, contentos de verse de nuevo. Leo no cabía en sí de la sorpresa.
-Has te veo bastante cambiado -comentó él mientras se alejaba un poco para escrutar a su hermano. Cuando se fijó en la cicatríz que recorría su cara le dedicó una mirada ensombrecida (negro sobre negro, pues la mirada de Leo siempre había estado sepultada bajo sus cabellos) y añadió-Mucho.
-Yo no sabría decirte si has cambiado o no, Leo. ¡No te he visto la cara en mi puta vida, maldito greñoso!
-¿Y cómo es que has venido tú solo hasta aquí?
-No vine solo...Tengo una pequeña compañera de correrías...-Leo lo miró con picardía-...pero es algo inutil y accidental -Libra pareció rebuscar algo en su interior un instante- Poco más que una mascota. ¿Has oido hablar de Sárate la Niña Demonio Joven Espada de Nosedonde?.
-No.
-¿Ves? Ella está convencida de que es famosa, pero no la conocen ni los bibliotecarios de Ramordos. Bueno, pues esa me acompaña.
-Yo tambien tengo compañera de correrrías, pero nuestras corridas son distintas, ya sabes...¿Conoces a Lardain, la Dama del Espejo?
-De oidas...-dijo Libra incrédulo
-¡Estamos prometidos! -declaró Leo triunfante.

Leo empezó a conducir con su paso a Libra hacia uno de los lados del patio, donde había una puerta de recargada decoración. Libra se fijó que solo había otra en ése mismo patio, pero mucho más discreta.

Leo la abrió e invitó a Libra a pasar a su humilde morada en el palacio del reino de Vuugam.

-La puerta de al lado es la ahbitación del rey. Esta es mas cantosa para que los posibles intrusos vengan a esta y se encuentren conmigo. Lardy tiene vigilada a la reina de la misma forma.

Ambos hermanos estuvieron recordando los viejos tiempos; ninguna pregunta sobre cicatrices ni sobre reinos decadentes.
-Deberías quedarte a cenar... al rey la encantara tenerte entre nosotros.
-No pensaba hacer otra cosa.

Llearon entre risas al comedor, donde el resto de la corte estaba empezando a agolparse.
-¡Leo! -Aproximandose a paso rápido venía una mujer joven de su misma edad apróximadamente. Enfundada en un elegante vestido verde con volantes, Lardain portaba un gigantesco espejo enmarcado con gusto en suntuosas formas dibujadas por huesos de extrañas criaturas.- Debes ir a recoger a Su Magest...-Miró a Libra un instante e hizo una corta reverencia- Oh, los siento Señor Libra encantado de conocerle. Ya nos hemos enterado de vuestra presencia aquí. Sed vienvenido.- Se volvió hacia Leo de nuevo y lo miró con ternura- Su majestad te espera en sus aposentos. Ve pronto por favor.-sonrió- Que tengo hambre.
-Encantado, Lardain. Muy encantado. -Leo le dió un codazo a su hermano, que miraba a la chica sin pudor.Ella se alejó de nuevo, para acercarse a la reina, a quien debía custodiar.
-Luego, quien pone los motes a los superhéroes se lo está currando -comentó libra- La Dama del Espejo lleva un espejo, Aries saltamontes tiene patas sobrehumanas...
-¿Superhéroes?-dijo Leo extrañado- menudas cosas te inventas...me voy a recoger al jefe. Ve a saludar a la Reina o quedarás muy mal.

La reina resultó ser humilde y amable, lo que contrastaba con el ambiente en las calles; parecía realista en cuanto a la situación. No ostentaba porque no había con qué hacerlo, aunque, claro, no mencionó el problema en ningún momento.

Leo el Rey y el resto de la Guardia no tardaron demasiado en llegar.

El monarca era viejo, lento, ausente en alma, en vida. Parecía arrastrado por las propias alfombras, más que moverse por si mismo. Se desplomó en la cabezera de la mesa y un débil gesto con la mano les invitó a comer.

Libra, Sárate y él intercambiaron un par de palabras, pero el Rey no parecía impulsado a ser algo más que minimamente cortés. No es que estuviera desagradado; estaba, simplemente, exánime.
-¿Esa de ahí es Sárate? le pregunto Leo a Libra, que asíntió- ¡Pero si no tiene tetas! Y yo que pensaba que eso de que la Niña Demonio era por otra cosa...¡no esperaba que fuera una niña de verdad!.
-No seas idiota...no me la tiro. Ni siquiera tiene potencial. Es mi mascota.

Sárate no estaba lo sificioentemente lejos como para no oirlos y los miró con profundo odio.

algo interrumpió la velada un instante. Las puertas se abrieron y por ellas entró un joven vestido de oscuro con capa corta y cuello redondo y alto, de oscuros cabellos rizados entró en la sala con pesadas botas que retumbaban por todo el comedor.
-Mis disculpas por la tardanza, Majestad-dijo, inclinándose. El rey hizo otro gesto vago y el hombre se sentó a comer con avidez pasmosa y rigurosa concentración. Todos callaron y lo miraron engullir. A los pocos segundos recibió un codazo de Lardain que le señaló con la cabeza al Rey.

Mientras el silencio -roto solo por los ruidos del hombre de negro al comer- reinaba en la sala, el monarca babeaba con la mirada oscura, perdida, mientras su cabeza se deslizaba, falta de fuerza, por un hombro.

El hombre de negro levantó la cabeza un instante y lo miró y al verlo inerte, tamborileó discretamente en la mesa y el rey volvió a incormporarse súbitamente, mientras la conversación volvía poco a poco a la sala.
-¿Quién es ese tío? -preguntó Libra a su hermano.
-Es el tercero de la Triada. Pólux el marionetista.
-¿Pólux? dijeron Libra y Sárate, que estaba escuchando, a unísono
-Si, Pólux.- Confirmó Leo mirándolos a los dos. Y, aunque su cabellera estuviera de por medio, fue una mirada della de significado. Los ojos de Leo podían ser muy brillantes y el quería.

Fin del decimoséptimo capítulo.

La semana que viene el El segundo Despertar de Kamareni: Intriga reflejada.

6 comentarios:

Horwaith dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Horwaith dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Horwaith dijo...

Pobre Polux, no ha debido enfadar a Leo y ¿que le pasa realmente al rey?

Y me extraña otra cosa, donde esta el marionetista que dijo Sarate, Mutarankaa, porque me he dado cuenta leyendo algo por ahi.

Anónimo dijo...

El castillo se cae a cachos, desprecio mortal a Sárate ("no me la tiro, ni siquiera tiene potencial"), comentarios dolorosos ("nuestras corridas son distintas, ya sabes"), autoowned con lo de los superhéroes, retorno del nombre de Marco Hécate...gran capítulo.

Me huelo algo con los Marionetistas...

Darkaran dijo...

Qu observadora, Horw...buen olor LZ...

¿Quien ha borrado esos comentarios ahi arriba? yo no fui hoy es la primera vez que los veo O_____o

Horwaith dijo...

Yo, porque he puesto el otro y pensaba que seria como en los foros