Lo que os voy a contar ahora es algo que me pasó hace tiempo. No demasiado, pero no pude subirlo por la falta de tiempo.
Estaba en el intercambiador de Moncloa para coger un autobús de vuelta a casa. Había subido a las dársernas, pero había perdido el último que salía desde ahí y atendría que coger el nocturno, a fuera, que saldría en una media hora, asi que aprobeche para pasarme por el baño.
No recuerdo que hora debía ser, posiblemnte las doce y media de la noche, algo más tarde, seguramente.
Iba con los cascos, siempre los llevo, y los llevo altos, muy altos. Tanto que es peligroso en muchos sentidos, pero no puedo llevarlos de otra forma. No sé hacerlo, no disfruto con ellos si no es así.
Todo el edificio subterráneo estaba vacío salvo en la zona de las dársenas. la zona inferior, donde se accedía al metro y a los comercios estaba desierta, salvo por los dos hombres que había en el lavabo.
Entré; era una galería alargada con pilas y grifos a la derecha y cabinas a la izquierda, con letrinas al fondo. Ni siquiera os describo lo que ví, tan solo lo que recuerdo de haber entrado allí otras veces, pues en esta ocasión no mire a mi alrededor, asi que no vi nada; me metí en la primera cabina que vi directamente.
Sin oir y sin ver.
Me estaba subiendo la cremallera cuando oi un ruido que me llamó la atención. Para que un ruido me llame la atencion con los cascos ha de ser especialmente espectacular.
Me quité los auriculares y escuché que pasaba; oí una voz con un acento extranjero, que gritaba.
-¡Mira lo que has hecho! ¡Hijo de puta! Mano, mi mano.
La voz que le respodió sí que tenía acento de aquí, y arrastraba las sibabas. Hablaba mucho más alto.
-¡Pueba a denunciarme! ¡Gilipollas! yá verás. Vengo y te mato.
Y pasos que se alejaban.
Salí de la cabina con los cascos puestos, pero nada sonaba por ellos. Salí directamente hacia el exterior de aquel recinto fingiendo que no oia y fingiendo que no miraba, pero miré al hombre reflejado en el espejo.
Solo fue un instante pero lo recuerdo como si lo viera aquí mismo ahora.
Estaba encorbado sobre la pila, la mano le sangraba. Era moreno, tenia el pelo muy corto bajo una gorra ladeada. Sudadera ancha, oros y cadenas. Piercing de bolas en la ceja y en la colisura superrior del labio.
Salí de allí al mismo tiempo que procesaba la imagen, y cuando ya la lo hice, estaba fuera.
¿Debí haber echo algo? Me lleva un tiempo rondando por la cabeza.
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4 comentarios:
Dios, cómo no me contaste esto?? O__O
Claro que no debiste hacer nada. Y si te hubieran hecho algo a ti?? ò.o
Dios, qué miedo. A quién se le ocurre meterse en sitios tan chungos de noche?? ;__;
Veo que nadie te felicita por aquí... Qué mal!!
Felicidades!! n_____n
Jo, que decepcion cuando he visto otro comentario pense que alguien que no fueras tu se habia dignado a escribir algo xD
La única que tiene **** de comentar aquí soy yo!! XD
Anima a tu público, anda... ponles algo de Kamareni :3
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