Notaba la tierra, dura y arenosa, clavandose en la planta de mis pies. Sobre mi cabeza, la oscura noche lo cubria todo a mi alrededor, todo menos a mi, envuelta en el débil y sedoso manto protector del candil que portaba.
Miré atrás; las luces de mi pueblo ya no estaban ahí. Deberían verse, pues subiendo la colina, la vista debería dejarme verlas, pero quizas fueran demasiado tenues o estaba ya demasiado lejos. Poco importaba ya.
La parte de atrás del vestido ceremonial rozaba el suelo tras mis talones, raspando levemente.
Arrimé el candil un poco a mi cuerpo intentando huir del frío de aquella noche, pero me quemé. Era injusto, bajo ese liviano trajecito, la noche me helaba hasta el alma, dejandome ríjida, entorpeciendo aun más mi lenta y dolorosa marcha, pero si acercaba el fuego al cuerpo, el cristal me calentaba demasiado.
¿Qué habia hecho para merecer esto? Traté de pensar; aun podía vencer al sueño. Al menos el frío servía para algo.
Alquel pueblo, al pie del monte del monasterio, donde yo vivo había recompensado mi pureza con aquella oportunidad de contentar a Dios, aquel viaje que según el párroco, él haría a mi lado.
Sin embargo me sentía abandonada y castigada, ahí, en medio de la nada, solo el frio, la tierra, la lámpara y yo.
Me apostaría mi virginidad a que ni aunque Dios se apareciera frente a mí, lograría ahuyentar la oscuridad de aquella noche que había transformado el monte en una oscura cueva subterranea habitada tan solo por el fuego, ni yo me sentia viva siquiera.
Y la perdería encantada, siendo ella la culpable de esta penuria, pues si hubiera hecho como las otras chicas, ahora no estaría aquí, portando el fuego de la pequeña iglesia del pueblo hasta el monasterio de arriba.
Aunque pensándolo mejor, no hubiera servido de nada, pues escogerían a otra más joven para hacer esto ¿Por qué si Dios tanto pareciciaba la pureza y fidelidad, consumaría la vida de una joven virgen cada años, sin remedio alguno? ¿Se supone que me pone a prueva? ¿Cómo es eso posible, si no hay tentación, solo dolor y sinsentido?
La lámpara calló de mis manos, sin demasiado estruendo, pues, encorvada por el cansancio, no lo llevaba muy alejado del suelo. Me dejé caer junto a él notando el frío de la tierra en mis muslos, y abracé el instrumento; ya no quemaba.
El fuego se extinguía rapidamente y los cristales se enfiaban. Al mismo tiempo, la tierra comenzó sentirse más templada en mi piel; cuando la vela se hubo consumido, la tierra me acariciaba en calidas caricias por las que me deje abrazar.
Todo era igual de negro ahora, pero algo había cambiado. Ya no había nada a mi alrededor, ya no lo hay ni lo habrá. Tan solo esta oscuridad eterna donde el abrazo de la tierra me condujo.
sábado, 25 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

3 comentarios:
Me alegra ver que sigues sin perder esa capacidad que tienes para dar profundidad a relatillos como éste. Muy bueno, como siempre.
Quiero pensar que eso de dejar cosas en el aire y hacer pensar al lector lo has ido recogiendo de alguna serie que has visto últimamente XD
Pues la verdad es que no O_o
Pues me lo pareció o.o"
Publicar un comentario